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Monday, November 16, 2015

Ruidos rima silencios.



Otrora rey de sus palabras elevadas al aire en escenarios de pistas atestadas de bailarines ávidos de escuchar las canciones esclavo de sus silencios garabateados en hojas de cuaderno Rivadavia arrugadas de tanto andar por los bolsillos de compositores junto a pentagramas incompletos que se hacían con algún instrumento a mano y en los momentos que se podía, en las mejores épocas de petiteros uniformados con pantalones blancos y sacos azul marino que eran la vestimenta de la orquesta, cuando no había que andar rebuscándose el mango en el mercado en las ferias con los oficios de estibadores, el pregonazo deshidratado en la madrugada de los domingos sin falta se recorría punta a punta la avenida libertad tambaleándose sin la ayuda de ninguno de los que en otros tiempos vivieron bajo las sombras de la fortuna que había amasado como cantante de un grupo de cumbias patrimonio que le había desvalijado en un santiamén de un día para otro la mujer que fue el único amor de su vida que se escapó con el mejor amigo sacándole en cara que cogía mejor que él a ella que le pedía, hediendo de orines salpicados en sus harapos y transpiraciones que destilaban la gota gorda del blanco que tomaba, el hombre zigzagueando se hacía el recorrido repartiendo el diario cada domingo en media lengua de curda ordinario gritándole a los que lo cruzaban porque entraban o salían de los turnos en las fábricas o salían de los boliches en las albas, que cualquiera es rey de sus silencios y esclavo de sus palabras.

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