Y al final eso que el maestro y
otros delirantes parecidos llamaron el crisol de razas nos viene jugando mal en
contra si son posibles de medir todos los odios las iracundias todas las
agresividades todas las transgresiones las maldiciones todos los trapitos al
sol la ropa sucia que no se lava en casa y que se saca a lavar cada vez que nos
tenemos que parecer a los presuntos civilizados que tanto nos gusta imitar,
cada vez que tenemos que votar y votamos buscando una democracia que manchamos
en las primeras oportunidades que tenemos, como por ejemplo tomando como
normales y éticas las cosas que son anormales e inmorales, como por ejemplo
especulando con moneda extranjera para
hacer diferencias espurias que restan al sistema y por lo tanto a los que menos
tienen y abultan en los bolsillos individuales y particulares y privados y
privativos de los que más tienen, que no son pocos sino un montón de vivos el
medio pelo el hombre mediocre el tilingo el petitero casi todos por no decir
todos que no lo fueron que en distintas épocas de nuestra ajetreada historia
vinieron por acá y se hicieron la américa a costa de la riqueza de otros que
morochos y nobles aceptaron sin condiciones que les desmantelaran la pachamama
y encima se apropiaran loteando su tierra, broncas epítetos gronchadas que con
frecuencia inusitada para elegir la frase hecha, nos salen a borbotones de
nuestras bocas que al final solamente reciben señales de nuestros enfermos
cerebros, donde vaya a saber que conchabos genéticos, hacen que los cables de
los circuitos que en el bocho tenemos vivan en cortocircuitos, y al final eso
del crisol de razas nos viene jugando mal y en contra, porque en vez de
consolidarla nivelando profundiza los enfrentamientos que tenemos y que los
sociólogos por evitar otros adjetivos calificaron con un sustantivo adjetivado
como la grieta, que está en nosotros mismos aunque nos empeñemos en ponerlo en
cabeza de los gobernantes de turno que además se aprovechan y nos meten sus
relatos para que nos enojemos entre nosotros más de lo que lo estamos porque no
resolvemos nuestras diferencias de descendientes de ese crisol de razas que se
vinculó históricamente con los buenos modales y la laboriosidades inventadas en
los relatos pueblerinos, cuando el monstruo vive vivo adentro de nosotros
mismos con esos vivos que vinieron de afuera con una mano atrás y otra adelante
y tonsura de carmelitas para legarnos eclecticismos varios, y ser lo que somos
y ser los que somos, porque evitamos hacernos cargos vivimos evitando poner los
puntos sobre las íes.

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