Vendrán los retortijones de las
tripas que hacen sonar a la panza con ruidos como pedos que circulan por los
intestinos que no salen afuera las arcadas después del menú que decidan los
dueños de los restaurantes que tiran las sobras que dejan los comensales
pipones, vendrán las resacas después de libar los vinos y las cervezas al
tiempo que tiran también a la basura de lo que los clientes dejan en las mesas
cuando se van menos las propinas que los mozos refunfuñado esperaran, vendrán
las digestiones a las intemperies recién inauguradas después de las últimas
peleas con la bruja, en la calle esa que se eligió como hogar para no matarla
de las infamias que hiciera, vendrán los desamparos morderse los labios por
andar a la deriva por las calles llenas de gente durante las claridades por las
mismas calles desiertas a las noches atestadas de zombis y desvelados que pasan
gritando en sus retornos a las casas después de visitar los burdeles del bajo,
vendrán las reyertas peleando por los lugares privilegiados de esos pedazos de
plaza donde se duerme sobre cartones o colchones percudidos y manchados que la
gente pudiente dejó en la basura, vendrán esas peleas con los otros que andan
en problemas parecidos las meadas cerca nomás de donde se duerme, el olor
penetrante del orín las botellas y la mugre desparramadas por los alrededores mientras
se devoran las sobras de un arroz con pollo reconstruido de una bandeja
retorcida sacada de una bolsa de supermercado donde estuvo con pañales cagados
por infantes que están por dejarlos y
venenos para cucarachas y hormigas, vendrán todas esas cuestiones de pelea por
lugarcitos pedazos de calle cuando se ha perdido pedacito pedacitos de lo que
fueron los propios lugares las caricia el calor de hogar.

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