No hay mal que por bien no venga
después de todo la niña está buena tiene un par de tetitas duras y puntiagudas
había que darle nomás si le gustaba y le pedía persiguiéndolo por donde el otro
andaba sabiendo del parentesco, ella misma lo instigaba lo hablaba por teléfono
y se ponía mimosa con el tío que le daba con todos los gustos, un buen par de
gambas que abiertas iban mejor que cualquier otro placer que estuviera a mano
aunque fueran las piernas de su sobrina y un buen culito que se meneaba todo el
tiempo de la matraca en medio de los quejidos y las aguas que le bajaban por la
entrepierna y si le gustaba había que darle además después de todo no era tan
menor con dieciocho cumplidos si con la misma edad los varoncitos entran en la
colimba y todo y se hacen hombrecitos o los hacen los cabos de prepo a puras
dianas y fajinas, no hay mal que por bien no vega ella de curiosa que era le
preguntaba y le decía que le enseñe que le dijera qué era lo que al otro le
gustaba y eso lo ponía como loco porque el otro se imaginaba más cosas de las
que al final terminaba haciendo ella o él porque se iba más rápido que la
pendeja que terminaba una y otra vez y le quedaban las ganas para seguir
terminando, qué mejor que él para enseñarle los secretos que ella le preguntaba
para acostumbrarla con las poses y los servicios que las mujeres les hacían
desde siempre a las mujeres y les gusta y tienen que hacerle a sus hombres si
los quieren tener le enseñaba porque si no se quedaban solas con tantas mujeres
que hay como dos por cada hombre y entonces terminaban arrastradas, que qué más
que él para enseñarle sin que su papá lo supiera su hermano que si llegaba a
saber de estas cosas pondría el grito en el cielo, quién más que él para ir a
verla dos veces por semana con un pretexto cualquiera y pasearla por los
bulines todo lo que quisiera, aunque a veces le entraba el jabón y como loco
por las calles andaba repitiendo no hay bien que por mal no venga.

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