Y vamos por allá y nos confesamos
compungidos arrepentidos de los pecados de la semana que perdonan curitas condescendientes
si son pecados veniales, sorprendidos como allá cuando vimos a los cursillistas
que fueron los primeros laicos en meter sus narices en las ceremonias que antes
daban en exclusivo los sacerdotes
mientras algunos de ellos mismos se sacrificaban con satanás pecando para que
otros no pequen, pero si son pecados mortales ni se nos ocurre decírselos a
esos mismos que pliegan sus sotanas para sentarse en confesionarios de madera
tallada que son artefactos que terminan incomodando, como si nos olvidáramos de
las deudas que no perdonamos como nos perdonan a nosotros, y vamos por allá y
así somos sin hacernos cargo de los desbarajustes que están por todas partes,
como que muchos de nosotros prójimos bien próximos que no tienen para comprar o
no tienen para comer que son dos cosas diferentes, que hacemos como si esos
fueran problemas de los otros especialmente de los que carecen porque concluimos
que carecen por inopia por inacción por negligentes, no por lo único que es que
el sistema les veda todo acceso a las oportunidades que ellos tengan, toda una
infamia.

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