No les gustaba a las chicas del
cabarute cuando ahí nomás de comenzar la madrugada caían los milicos con las
sanatas que andaban detrás de los zurdos que estaban por hacer la revolución
para después cuando llegaran hacer la reforma agraria, no les gustaba a las
chicas porque encima que había que tener un estómago a prueba de náuseas para
acostarse con cualquiera o con varios cualquiera que pagaban la hora o la
chupada o la francesa durante toda la noche, que las hacían dar volteretas en
la cama y les pedían hasta la cola y cuanto más pedían más plata dejaban, no
como los gendarmes que se las querían garchar gratis o poniendo dos o tras
australes que no alcanzaban ni para puchos desgraciados de mierda que hacían
que salga barato lo que era caro porque después de todo cuando les rompían el
ojete quedaba roto para siempre, y a veces lo hacían porque la patrona del
burdel no quería problemas ni con ellos ni con los del ejército que estaban
instalados en el ingenio ni con los de la policía que eran todos mala yerba, pero
a ellas no les gustaba y lo demostraban de la única forma que podían
demostrarlo a esas bestias que desnudadas pujaban por penetrarlas cuando
estaban con ellas en sus cuartos, a ellas no les gustaba porque de las veces
que caían no se llevaban a nadie y menos a los curdas que había que lejos
estaban de conmoverse con ellos y convertirse en guerrilleros eran paisanos
no más muy alzados que se gastaban con ellas quincenas enteras o el sueldo anual
complementario, ellas preferían a las bestias que aunque mamados hediondos y sucios
algunos eran generosos y se iban en propinas además de los tragos que pagaban
en los aprontes que hacían con ellas tocándoles las tetas o el culo no como ellos que las tocaban igual sin dejar de intimidar con los fusiles FAL.

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