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Wednesday, April 08, 2015

Luz rima roja.



Los primeros días dimos más vueltas que un perro triste persiguiendo infatigablemente su cola en la puerta de la casa de la luz roja bien al fondo de una avenida del ingenio lejos de los tránsitos de la gente meritoria honesta y laburante, por lo menos así lo veía el cura que en las confesiones nos preguntaba de esos paseos inconfesables en las catequesis aburridas de los sábados a la tarde, hacíamos los amagues de entrar nos desanimábamos todos en bloque como si fuéramos una jauría de perros en celo sin perras cerca, la casa estaba en las orillas y en las sombras con ese pequeño foco que proyectaba una sombra de cono sobre la calzada de cemento alisado que sostenía los bordes de la calle de tierra, ninguno sabía muy bien porqué estuvimos ahí así que tiene que haber sido una mezcla de vergüenza con desconocimiento un miedo a lo desconocido tal vez como le dicen, lo que nos hacía pasar y repasar por los alrededores de esa casa mágica que comenzaba a brillar cuando las oscuridad cubría todo el pueblo y los vecinos y los paisanos cerraban las persianas de sus casas o apagaban las luces para dormir para meterse en los sueños con los que descansaban de las exigencias de los turnos en las fábricas, con la excepción de los que como nosotros pispaban la luz roja que anunciaba que las chicas que habitaban la casa grande ya estaban listas, los primeros días dimos muchas vueltas con el corazón latiendo más de la cuenta inseguros de entrar o como decía alguno de nosotros por miedo a encontrarse con algún conocido que seguro que preguntaría qué andábamos haciendo por allá cuando apenas fuimos imberbes y tontos que seguramente nos cargarían preguntándonos qué queríamos hacer en un lugar como ese donde las chicas piden mucha plata para dar sus caricias, eso tal vez buscamos eso, caricias que nos compensaran las calenturas que entonces nos bajaban, cuando confundimos las caricias con las franelas rojos de la vergüenza.






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