Esa era la ventaja del clima del
lugar adonde vivía cuando le entró la tara que tenía que hacer la ceremonia del
árbol propio porque ya pasaron los hijos y un libro no escribiría en su puta
vida, esa era la ventaja, semilla que tiraba en la tierra, que en varano
parecía un páramo con la sequía y las grietas que se abrían de lo seca que se
encontraba por falta de agua, semilla que germinaba, cuando pasaban las inundaciones
del otoño y llegaban esos suaves inviernos o las primaveras que se manifestaban
en todos los yuyos y flores que se juntaban en malezas impenetrables que
después había que limpiar a fuerza de machete, esa era la ventaja del clima
semilla que tiraba semilla que germinaba así es que el día que tiro la semilla
de su frutal regalada por un amigo, no tuvo que esperar mucho para que el
primer retoño apareciera, confirmándole que sus entusiasmos se convertirían en
brotes que iría contabilizando día por día de los días del año en que el árbol
quedó plantado en el medio de su jardín como una muestra que el objetivo del
árbol propio estaba cumplido, claro que con sus entusiasmos intactos por un
tiempo nomás porque no era un hombre paciente y comedido, esos arrebatos que le
entraron por un tiempo de ver que no le faltara ni le sobrara agua dependiendo
de la época, y podando donde tenía que hacerlo de acuerdo a las indicaciones
que recibió del mismo amigo que sabía de jardinería y se pasaba horas hablando
con las plantas, esa era la desventaja del carácter que traía del trabajo donde
andaba, el jefe lo sacaba de casillas con el gravante que además ya lo había
conminado al castigo ilegítimo por cierto que mientras él estuviera nunca
subiría en el escalafón del lugar de mierda donde repetía cada hora de cada día
de cada mes de cada año las rutinas de armar ordenando los números de dos o
tres columnas de un cuadro de costos que después durante el mes lo llevaban otros
que completaban y al último chupamedias del jefe para que él se lo mostrara al
ingeniero para que diera instrucciones a los jefes chupamedias de las fábricas,
esa era la desventaja de su impotencia que él creyó un día que el árbol acusaba
porque cada vez que le pasaba que era muy seguido, sus ramas parecían decenas
de brazos abatidos como si fueran los brazos de personas desganadas y las hojas
que se le caían le ensuciaban el jardín vuelta y vuelta en cualquier momento
del año, así que pesando las ventajas y desventajas de seguir conservándolo, un
día decidió hacharlo y deshacerse del frutal sin más, cuando su amigó le
preguntó porqué él le dijo que no era hombre de andar con esas boludeces de
escribir un libro de plantar un árbol de tener hijos, que demasiados problemas
tenía en la oficina como para andar buscándose más problemas fuera de ella.

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