Hay que tenerlos cortitos, como a los animales, a puro cinchazos, porque si no toman confianza y entonces cuando se les da el brazo se agarran hasta del codo, al coya les vino a los de la
empresa como anillo al dedo en los tiempos cuando empezaron a contratar
zafreros a mansalva porque habían hecho unos cambios en la fábrica que
triplicaba las producciones que hasta ese momento venían haciendo, el coya les
vino como anillo al dedo porque hacía lo que ellos no hacían porque no los
conocían, él los hablaba y los carajeaba según hiciera falta pero los ponía en
vereda apenas empezaban a pedir lo que no les correspondía y otras veces les
daba lo que no pedían, porque como él les dijo a los de personal que lo
contrataron él conocía bien a los hermanos del altiplano, que son todos
mutulitos que no dicen lo que quieren de frente pero andan murmurando entre
ellos y que con los murmullos circulaba lo que interesaba porque por ahí venían
los pechazos, y que eso significaba que podía hacer los mejores contratos por
los doscientos días que los tomaban para levantar la caña que entraba en los
trapiches para transformarse en melaza y después en azúcar que los patrones
vendían a buen precio, el coya les vino como anillo al dedo porque para empezar
les fue diciendo que de los doscientos días que ellos decían en realidad eran
ciento setenta de trabajo efectivo de sol a sol toda la familia porque los
paisanos se metían a los surcos con toda la prole hasta los más chiquitos, que
macheteaban y armaban los fardos que después se llevaban los camiones, también
les decía que no les pidieran más porque en los otros días había que descontar
el carnaval grande y el chico que al final eran como diez días que los compatriotas
se pasaban entre saludar la llegada de la pachamama más los carnavales que esos
eran inamovibles entre los bailes de noche y de día y andar mojándose a baldazos
y ploschones de barro, más los otros días que se pasaban adorando a la
virgencita o al niño especialmente en las navidades y en la llegada del año
nuevo, y que no se tomaran el trabajo de querer decirles que si era una fiesta
la otra no estaba bien que la hagan, porque una era una fiesta de paganos y la otra
de fieles que ni el cura podía explicar, el coya le vino como anillo al dedo a
los de la empresa porque les cobró la mitad de lo que gastaban en los
cosecheros y él se hizo cargo de todos los arreglos con cada uno de los jefes
de las familias que todos los años llegaban desde la Quiaca para levantar la
cosecha, cortitos hay que tenerlos no andar aflojando, les daba menos y les pedía más sin escribir demasiado en los contratos
que los otros firmaban estampando las huellas digitales de sus dedos bañados en
tinta, una maravilla para los inútiles de la oficina de personal, que los trataban como personas y los otros se abusaban, que les daban
más de los que los otros coyas les pedían en contratos que para que se cumplan después necesitaban chacareros que trataban a los infelices para la mierda.

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