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Sunday, October 19, 2014

Contratos rima tratos.



Hay que tenerlos cortitos, como a los animales, a puro cinchazos, porque si no toman confianza y entonces cuando se les da el brazo se agarran hasta del codo, al coya les vino a los de la empresa como anillo al dedo en los tiempos cuando empezaron a contratar zafreros a mansalva porque habían hecho unos cambios en la fábrica que triplicaba las producciones que hasta ese momento venían haciendo, el coya les vino como anillo al dedo porque hacía lo que ellos no hacían porque no los conocían, él los hablaba y los carajeaba según hiciera falta pero los ponía en vereda apenas empezaban a pedir lo que no les correspondía y otras veces les daba lo que no pedían, porque como él les dijo a los de personal que lo contrataron él conocía bien a los hermanos del altiplano, que son todos mutulitos que no dicen lo que quieren de frente pero andan murmurando entre ellos y que con los murmullos circulaba lo que interesaba porque por ahí venían los pechazos, y que eso significaba que podía hacer los mejores contratos por los doscientos días que los tomaban para levantar la caña que entraba en los trapiches para transformarse en melaza y después en azúcar que los patrones vendían a buen precio, el coya les vino como anillo al dedo porque para empezar les fue diciendo que de los doscientos días que ellos decían en realidad eran ciento setenta de trabajo efectivo de sol a sol toda la familia porque los paisanos se metían a los surcos con toda la prole hasta los más chiquitos, que macheteaban y armaban los fardos que después se llevaban los camiones, también les decía que no les pidieran más porque en los otros días había que descontar el carnaval grande y el chico que al final eran como diez días que los compatriotas se pasaban entre saludar la llegada de la pachamama más los carnavales que esos eran inamovibles entre los bailes de noche y de día y andar mojándose a baldazos y ploschones de barro, más los otros días que se pasaban adorando a la virgencita o al niño especialmente en las navidades y en la llegada del año nuevo, y que no se tomaran el trabajo de querer decirles que si era una fiesta la otra no estaba bien que la hagan, porque una era una fiesta de paganos y la otra de fieles que ni el cura podía explicar, el coya le vino como anillo al dedo a los de la empresa porque les cobró la mitad de lo que gastaban en los cosecheros y él se hizo cargo de todos los arreglos con cada uno de los jefes de las familias que todos los años llegaban desde la Quiaca para levantar la cosecha, cortitos hay que tenerlos no andar aflojando, les daba menos y les pedía más sin escribir demasiado en los contratos que los otros firmaban estampando las huellas digitales de sus dedos bañados en tinta, una maravilla para los inútiles de la oficina de personal, que los trataban como personas y los otros se abusaban, que les daban más de los que los otros coyas les pedían en contratos que para que se cumplan después necesitaban chacareros que trataban a los infelices para la mierda.

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