Los tucanes en sus viajes a los
cielos colorados de las yungas sabrán ver desde allá desde los altos, las
vertientes de aguas cristalinas que corren escondidas por los lugares más
recónditos de la selva espesa, selva mezclada con pre cordillera, pre cordillera mezclada con cordillera, escalera al cielo, y sabrán repetir sus amplios aleteos para
embolsar los vientos que los lleven más arriba, en balanceos con lo que tal vez
juegan después para venirse planeando con sus amarillos picos en picadas, sabrán
ver las cascadas que no encuentran los viajeros, blancas cascadas sobre aguas
verdes del musgo tupido que la humedad circula sobre piedras, los viajeros que
pasan por las fotos, cascadas de agua cascadas de malezas que son como cortinas
de un escenario infinito de yuyos y enredaderas y camalotes, por donde sabrán andar macilentas las mulas
que los baqueanos dejan sueltas para que se repongan después de los días que
bajan a los parajes también escondidos para ellos que sabrá ver desde arriba,
en esos viajes donde sabrán volar encandilados con los resplandores del sol en
su cenit de cada día sobre piedras blancas en las laderas y en lo lechos de
arroyos escondidos, sabrán ver el mundo más perfecto hasta que bajan a sus
vuelos rasantes, ahí deben verle de nuevo, la cara más conocida del mundo sobre
el que vuelan.

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