Las versiones de las libertades
que fuimos inventando con el tiempo dieron resultados para salir de la manada
de lo que por oposición en algún momento comenzamos a llamar irracionalidad, y
que algún mentor nuestro se animó a calificar de barbarie, a todo eso que no
entraba en los patrones que nos fueron conviniendo para convivir en una armonía
que fue más de palabra que en los hechos, las libertades de elecciones que
inventamos funcionaron y nos permitieron a algunos tener un poco más, no tan
poco, que los otros, como a otros tener un poco menos – bien menos – que los otros
aún a costa de negociar, no solamente cosas mínimas, por cohesiones que fueron
avaladas bajo las justificaciones que se dieron a los genocidios y exacciones
de los colonialismos o los imperialismos que se fueron amortiguando en
versiones moderadas y más modernas, las libertades de elecciones que fueron
menoscabando nuestros tejidos nuestros entramados sociales que hoy por hoy
están bastante putrefactos, porque alcanzamos puntos de saturaciones de esas
libertades de elecciones que fueron mal utilizadas para acumular en formas
desmesuradas, ingresos, rentas, riquezas, que dejaron a los que no los hicieron
por desidia por falta de ganas por desinterés o lo que fuera, patas para arriba
y no solamente con los bolsillos vacíos sino también con sus barrigas
adormecidas por la falta de alimentos, hemos avanzado con las libertades de
elecciones que esos mismos que ganaron en las acumulaciones entraron en
sojuzgamientos patológicos por los cuales idolatran su propias pertenencias,
esclavos de las cosas que tienen, como los otros, por oposición, amos por las
cosas que no tienen, eso libres que a millones todos los días, mueren de
hambre, aunque suene fuerte.

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