Al final todo el chimichurri no estaba
en la cuestión del cautiverio, porque la primera vez, la princesa sintió un
asco profundo porque ese maldito la violentaba por partida doble igual que lo
que había dicho el profe de la maldita contabilidad de quinto, un par de años
atrás, primero porque se aprovechaba de su condición de detenida por averiguación
de antecedentes, que no tenía porque
apenas había cumplido veintiuno así que qué sería lo que él o estos buscaban, y
segundo porque la estaba obligando a que se la chupe, lo que ni siquiera su
novio le había pedido en medio de las calenturas de ambos que resolvían en
pasillos, cines y zaguanes, la segunda sintió un poco menos de asco pero asco
al final porque el príncipe que no era azul precisamente, sino un tenientito
del proceso de reorganización nacional se ponía muy ocurrente en esas sesiones
que empezaban a las doce de la noche y nunca iban mucho más allá de las dos de
la mañana, y sus ocurrencias la calentaban porque cuando al otro se le acababan
las ocurrencias ella sentía como que quería que el otro siguiera, el tercer día
sintió un poco menos de asco en ese cautiverio que se extendió de días a un par
de meses que duraron las averiguaciones de sus participaciones como secretaria
del centro de estudiantes de la universidad del jardín de la república, y otro
par de meses que deambularon los papeles por los juzgados según le explicaba la
bestia a medias en cada sometimiento de cada noche en que la penetraba todas
las veces que le vinieron en ganas, al final todo el chimichurri no estaba en
la cuestión del cautiverio, porque cuando quedó en libertad de vez en cuando se
llegaba hasta los cuarteles donde estuvo, a que el tenientito la someta.

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