La última vez que anduvo
metiéndole los cuernos a la gorda el carancho se acordó de una maniobra que
había visto en una película en una situación parecida, así es que volvió de su
viaje de trabajo con un juego de cubiertos de plata de ciento cincuenta
unidades que la dejó boquiabierta y ni se acordó de reclamarle la salida que con
otras en la última mitad del año fueron unas cuantas, no es que se va de joda,
pero el gringo aprovecha esas misiones secretas a las que lo manda el ingeniero
y siempre se conchaba con alguna de sus secretarias que además de dispuestas
son bastantes discretas, claro que gasta el veinte por ciento de sus sueldos en
los regalitos que a ellas les gustan y que lo hacen demarcarse de los maridos,
cornudos también, pero consentidores porque con ese motivo tienen cargos de
supervisores en las fábricas del ingenio y se cargan y se hacen jodas que este
es un pueblos de astudos donde la fidelidad es una palabra que no existe, esa
última vez se vino con todo el juego embalado en un par de cajas que
resistieron el viaje en el blanco coche motor con el que hizo el trayecto entre
la linda y las yungas que es donde se siembran las treinta y siete mil
hectáreas de caña que le repite el patrón cada vez que caminan juntos por los
pasillos de la sala, cuando el otro le tiene que pasar instrucciones que son
directas y además secretas, como que siga ordenando como lo viene haciendo la
limpieza de los zurdos que ahora cuentan con la ayuda del ejercito y
gendarmería, que el cura no va meterse porque monseñor le dio instrucciones
para que mire para otros lados, y que si los detenidos lloran mucho como
imberbes o maricones que son que les avise a los canutos para que ellos le
provean consuelo con los capellanes del ejército que están preparados para que
en los momentos difíciles aprendan lo que es la resignación y reconocer los
pecados de andar atentando contra la propiedad privada, la última vez que le
anduvo metiendo los cuernos a la gorda que a la vez le metía los cuernos con el
profesor de tenis, se vino con ese juego de cubiertos muy valioso y contento
porque en medio de la joda había arreglado con un comandante el operativo más
grande del sol de noche, en un boliche, entre copas, minas y coimas.

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