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Thursday, April 24, 2014

Fidelidades rima veleidades.



La última vez que anduvo metiéndole los cuernos a la gorda el carancho se acordó de una maniobra que había visto en una película en una situación parecida, así es que volvió de su viaje de trabajo con un juego de cubiertos de plata de ciento cincuenta unidades que la dejó boquiabierta y ni se acordó de reclamarle la salida que con otras en la última mitad del año fueron unas cuantas, no es que se va de joda, pero el gringo aprovecha esas misiones secretas a las que lo manda el ingeniero y siempre se conchaba con alguna de sus secretarias que además de dispuestas son bastantes discretas, claro que gasta el veinte por ciento de sus sueldos en los regalitos que a ellas les gustan y que lo hacen demarcarse de los maridos, cornudos también, pero consentidores porque con ese motivo tienen cargos de supervisores en las fábricas del ingenio y se cargan y se hacen jodas que este es un pueblos de astudos donde la fidelidad es una palabra que no existe, esa última vez se vino con todo el juego embalado en un par de cajas que resistieron el viaje en el blanco coche motor con el que hizo el trayecto entre la linda y las yungas que es donde se siembran las treinta y siete mil hectáreas de caña que le repite el patrón cada vez que caminan juntos por los pasillos de la sala, cuando el otro le tiene que pasar instrucciones que son directas y además secretas, como que siga ordenando como lo viene haciendo la limpieza de los zurdos que ahora cuentan con la ayuda del ejercito y gendarmería, que el cura no va meterse porque monseñor le dio instrucciones para que mire para otros lados, y que si los detenidos lloran mucho como imberbes o maricones que son que les avise a los canutos para que ellos le provean consuelo con los capellanes del ejército que están preparados para que en los momentos difíciles aprendan lo que es la resignación y reconocer los pecados de andar atentando contra la propiedad privada, la última vez que le anduvo metiendo los cuernos a la gorda que a la vez le metía los cuernos con el profesor de tenis, se vino con ese juego de cubiertos muy valioso y contento porque en medio de la joda había arreglado con un comandante el operativo más grande del sol de noche, en un boliche, entre copas, minas y coimas.


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