Igual que siempre como si nada
hubiera ocurrido durante la noche, el paisaje era el mismo que el paisaje del
día anterior, igual al paisaje que vendrá una y otra vez hasta el infinito, a
pesar que la primavera parecía definitivamente demorada en los lapachos mustios
por lo deslucidos en esas floraciones de colores de arco iris cuando las tienen
por ahí de julio o de agosto, con flores como campanitas deformes y mustias
también, dispersas por las veredas linderas de la fábrica de papel, flores que
pisan unas y otras veces las ruedas de las bicicletas de los obreros que como
avispas volando en enjambres a sus panales industriales van y vuelven de los
turnos, flores que pisan los noctámbulos irresponsables que van y vuelven de
los piringundines de la ciudad donde se divierten, con putas disfrazadas de
galas con fracs y otras pilchas, simulando tocar y cantar en orquestas armadas,
con sonidos simulados de canciones de los wawancó que salen de un winco
destartalado, de putas cargadas de sueños y tristes, esas flores que pisan las
ruedas y los zapatos de los que van y vienen sacando esos sonidos de
explosiones infinitamente mínimas del corazón pequeño de esos estambres que
rodean pulpas de colores, esa mañana de fines de marzo parecía estar todo en su
lugar y en orden, en los mismos lugares todo y todas las cosas de siempre, pero
habían cosas fuera de su lugar para el carancho más gringo de todos los
caranchos, que apurado caminaba a su oficina para leer los primeros informes
por el operativo de la noche, desesperado por ver cuáles cosas sí cambiaron de
lugar, y también habían cosas fuera de sus lugares y diferentes para el carancho
más morocho de todos los caranchos alcalde relevado de sus funciones que
marchaba preso y silencioso en la caja de un tres cincuenta con las brigadas
del ingenio a villa Gorriti, había cosas fuera de su lugar para el carancho entre
todos los caranchos compañero secretario general ocupado en llevar a su jermu a
un lugar para mostrarle la casa nueva que compró con el producido de su coima,
pago por entregar a treinta de los más de cincuenta compañeros que se llevó la redada
de esa noche anterior, para ellos era una mañana diferente aunque el paisaje
siguiera igual.

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