Solidaridad con el prójimo y la
sociedad suenan a colofones buenos y a un buen pretexto para comer un buen
asado o atragantarse con un chupín de bagre bien rociado con vino tinto una vez
cada quince días, eso tiene sus recompensas, al doctor le deba perfecto ese
pinet de gauchazo como fuera de andar repartiendo remedios al costo personal de
ponerse en boca de los dueños del ingenio de ese hospital del ingenio o sea al
costo de ellos que hacían sus presupuestos y además sacaban de sus bolsillos
para los gastos, que además eran los dueños del almacén del cine teatro, de los
predios de los dos clubes deportivos, de la antipalúdica del hospital, de la
lechería de la perfumería y además del correo porque pagaba el personal aunque
fuera de otra empresa y corrían con todos sus gastos, servir para que sirva se
vociferaba en las reuniones periódicas de la comisión, aunque por lo bajo y en
solitario el cristiano sostuviera que la plata la pongan los que la tienen que
para eso la tienen sino para qué sirve, la daba la talla al doctor,
acostumbrado a las gauchadas de cobrar sus honorarios en especie, una gallina
por un diagnóstico de gripe fuerte, lo mismo alcanza aquello con lo que se
sueña, un techo propio un auto último modelo como el chevy, un chancho después
de haber prescripto para cuerpear con remedios brujas y yuyos una tos convulsa,
y así se fue haciendo popular con la gente, servir sin retribuciones a la
comunidad donde se vive a la zona un lugar de mucha pobreza juntada con mucha
riqueza desparramada en hectáreas y hectáreas sembradas con caña de azúcar, justo
donde se está dentro de una región en el interior de un distrito que está
formando parte del mundo de ese mundo más chico donde los radicales se pelean
con los peronistas desde que pasaron los líderes que uno se murió y el otro se
tomo el buque o mejor dijeron la cañonera, servir y sirviendo por el boca a
boca para hacer las colectas y juntar frazadas en los inviernos y provisiones
en las inundaciones estivales, tener ese honor de haber entrado por la
invitación de un amigo a ese grupo de distinguidos señores visto bueno sometido
a votación y haber llegado a presidente, toda una distinción, que en un par de
meses se convirtió en el trampolín perfecto para llegar a la intendencia,
servir sin propagandas ni barullos más allá de las fronteras de la política aunque
cada uno tenga su corazoncito, y el doctorcito fue el presidente por un tiempo
y cosechó dos o tres diplomas de las autoridades del distrito, aunque después
allá por la intendencia tuvo que dejar la presidencia, aunque por sus ideas de
luchar por los pobres entró en desgracia con los dueños de la empresa que le
dijeron que viera que reconsiderara sus posiciones porque si no se les da la
mano y se toman del brazo los infelices, o sino que luche por los pobres con la
billetera de él, que la solidaridad con el prójimo y la sociedad tiene sus
límites porque si no se abusan como se abusaron con el que no está con el que
te dije, eso tiene sus premios, al doctor le deba perfecto ese pinet gauchazo
como fuera, pero también tiene sus castigos.
Bien en la madrugada del golpe de
estado al doctor lo metieron preso así nomás sin previo aviso, con la proclama
del juez refrendada por escribano, que el orden constitucional prescribió hasta
nuevo aviso, y aunque hacía rato que ya no fuera presidente del club de leones
llegó a su domicilio un carta conceptuosa donde le comunicaron que además,
dadas las circunstancia, que no era más un león le leía su consorte en la
primera visita, que le aceptaban la renuncia, una renuencia que nunca había
enviado.

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