Como los balancines de las
bitácoras siente las piernas el capitán que se estiran y se contraen con el
bamboleos del Águila que va surcando sin novedades en el vasto océano mientras
crujen los tablones en la proa y le devuelven las energía que pierde con cada
escupitajo con sangre que le sale de la boca y qu le viene de la boca del
estómago, lamenta que los llamados de la hora lo hayan puesto en la misma
embarcación con Cochrane más que nada después que le vinieron a decir que el
otro está molesto porque la mujer le anduvo coqueteando como todas las mujeres
que le coquetean porque él se deja desde las patricias mendocinas para acá,
pero de ahí a que el almirante sea un cornudo como es el de doña Remedios hay
mucha distancia, pero a él no le importa, después a la votación de los señores
oficiales, que unánimemente convinieron en lo mismo; quedando, de consiguiente,
sentado como base i principio que la autoridad que recibió el señor general
para hacer la guerra a los españoles i adelantar la felicidad del país no ha
caducado ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es
inmudable, todavía le suenan claras las palabras que memorizó del acta de
Rancagua las tiene ahí las mastica las repasa las repite en voz baja en voz
alta, el se las acuerda como los amanuenses las plasmaron igual que las
anotaron, por las dudas alguno de esos conflictivos cabildantes que va
conociendo desde su desembarco en estas costas se las enrostre con otras
interpretaciones como le quisieron enrostrar volverse después de Yatasto con el
argumento que por ahí no se les hace nada a los realistas que hay que entrarles
desde el norte en el corazón del alto perú, sensible como ha quedado en todos
estos asuntos de los que quedaron para resolver la acefalia de Director Supremo
en las provincias unidas que ahora están desunidas con un gobierno en cada
provincia y un caudillo en cada pueblo en cada parador en cada posta, el se los
advirtió en muchas oportunidades a muchos de ellos desde que llegó con el
patrocinio de Carlos de Alvear y les llegó a decir que su espada no se mancha
con la sangre de compatriotas, y eso no les gustó a los influyentes señores de
la aldea más grande que ahora tienen que andar con la cola entre las patas
después de Cepeda, como los balancines de las bitácoras siente las piernas el
capitán que se estiran y se contraen con el bamboleos del Águila, el juega un
poco con ellas y la acidez que lo mata el camino entre el puerto de Valparaíso
y el puerto del Callao es bastante largo según los marinos expertos y Blanco
Encalcada.

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