Si se habrá preguntado de mozo el
capitán en sus épocas de cadete de las cosas del terruño, de esas cosas de las
que escucha hablar entusiasmados a sus compañeros de la lejana aldea Carlos de
Alvear, y Zapiola y Guido, de esas que su padre pudo hablarle poco porque su
terruño, fue a la vez diferente al terruño propio, ese señor teniente
gobernador de las misiones jesuíticas que solicitó la respectiva autorización a
la corona para volverse cuando José tenía cuatro años una edad en la que nadie
sabe de la patria, si se habrá preguntado de mozo esas cosas el capitán en sus
días de regimiento de acuartelamientos de dianas y de combates qué es lo que
algunos llaman la patria, si es el lugar donde se nace o si es el lugar donde
se vive, al menos más el lugar en que se vivió que en el lugar en el que se
nace, si es eso o si es la lealtad vertical de la moral cristiana, a sus
graciosas majestades, del lugar donde se vive o del lugar donde se sirve que es
lo que enseñan los maestros en el seminario en las escuela de las
temporalidades, porque al final de cuentas, los instructores y los maestros en
el regimiento, lo primero que enseñan es que para los militares la patria es
aquello que defienden y lo que defienden, en el momento, puede ser distinto a
donde nacieron y también puede ser distinto adonde vivieron, entonces la patria
pasa a ser una cuestión de obediencias de disciplinas de probidades en el cumplimiento
de las ordenes, aunque lo que defienden siempre se asocia con algún negocio,
después de todo los militares son iguales que los ciudadanos comunes, si se
habrá preguntado de estas cosas el mozo en las épocas de sus primeras batallas
en las épocas de sus primeros pagas, los militares tienen familia,
responsabilidades patrimoniales, y por lo tanto necesitan de estipendios, si se
habrá preguntado de mozo el capitán de las cosas del terruño, alguien sin un
terruño fijo como él, nacido por allá según su padre en un lugar llamado
Yapeyú, miembro de sexta generación de una vieja familia del reino de León que
se radicó en Málaga cuando volvieron, exiliado con pasaporte de la corona
española y amparado por Duff, Wellington y Beresford en la Londres de su majestad,
sise habrá preguntado y se pregunta ahora de estas cosas el capitán ahora mismo
rumbo a la aldea en la Canning, par cumplir con plan que solamente él conoce,
después de los más conspicuos miembros de su honrosa sociedad.

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