Nadie más que el propio general
de los generales conoce las infamias de ese abogado que tejió acuerdos como
viene tejiendo con los poderosos de los bancos ingleses que están en contra de
las decisiones que se toman en las cofradías para correr a los españoles de la
américa, por eso divulga seguro entre sus conocidos que se le han extraviado mejor
dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que e tengo escritas desde mi
salida de América, nadie más que él no sabe si el otro que lo que demuestra en
los planes de conquistas es solamente para abrir nuevos negocios y aduanas no
hay escrúpulos que valgan, esto no me sorprende, les dice, en cartas en
conversaciones en sus exilios, me consta que en todo el tiempo de la
administración de ese oscuro aldeano mi correspondencia ha sufrido una revista
inquisitorial la más completa peor que los chismes de las más chismosas de las
damas que concurren a las tertulias, por ahí anda el general marcando sus
diferencias allá como lo hizo por acá declarando que ha rechazado tanto sus
groseras imposturas como su innoble persona con un hombre como este al frente
de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios al ejército por el
convencimiento en que estaba de que hubieran sido despreciados, tiene más que presente
la que se siguió en Buenos Aires con las compras por parte del célebre
Rivadavia que empleó sólo la madera para hacer andamios para componer la fachada
de lo que llaman Catedral sesenta mil duros, que se gastaron ingentes sumas
para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para la construcción de
un pozo artesiano al lado de un río y en medio de un cementerio público todo
ello cuando no hay ni un muelle para embarcar y por el contrario se deshizo y
destruyó el que había de piedra y había costado seiscientos fuertes en tiempo
de los españoles el gasta en obras inútiles y el ejército sin paga y en tal
miseria que piden limosna los soldados públicamente, vergüenzas para la patria restos
en los restos de ese papel moneda que ha sido la ruina del crédito de la
patrian improvisando en la aldea la civilización europea con sólo los decretos
que plasma en lo que él llama archivo oficial, un tipo incapaz de lealtad,
honestidad o siquiera buenas maneras en sus relaciones con los hombres que lo
rodean con quienes está obligado a llevar los negocios del pueblo, puros
deslices, mientras habla el general de los andes.

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