Con Bernardo de Monteagudo le
alcanzó al general para tener quién se ocupara de las cosas menores y mayores
de sus días convulsionado de protector de estos peruanos de mierda que son más
renegados que los indios cuyanos que los huarpes con sus caciques más bravos,
le alcanzó para acordarse del menjunje de yerbas y ungüentos que empieza a
tomar desde temprano para que no lo embromen las tripas que le causan
retorcijones que lo doblan y le impiden movimientos al general con tantas
ocupaciones como las que tiene, Bernardo de Monteagudo le alcanzó pata todas
esas minucias a las que les da mucha importancia, y con eso le alcanzó, para
tener sus uniformes impecablemente limpios las botas brillando como un espejo y
las espuelas resaltando el dorado de la mezcla de plata y de oro con las que se la hicieron, podrá
dormir en una carpa de la campaña pero anda siempre impecables, con Bernardo le
alcanzó también para controlar al personal de su ejército encargado de escribir
los decretos y las consignas de los combates, algunos indolentes civiles, el
otro se ocupa de todas esas cuestiones, con Rosita Campusano le alcanzó para
andar sirviendo como macho entero con todas esas energías de hombre pleno, pero
además lo que es más importante para él para ir enterándose de las otras
batallas, de esas batallas o combates o permanentes escaramuzas que se arman de
conversaciones en las tertulias o en la alcobas, uno rima dos y rima tres,
porque de las conversaciones saca distintas conclusiones y cambia sus
decisiones, las confirma, las desecha, con Rosita Campusano le alcanzó al
general para llevar adelante sus cientos de miles de guerras de zapas que fue
urdiendo desde los días de su llegada al callao o al pisco, con Bernardo se
enteró de los entretelones de conversaciones de congresales cabildantes y la
caterva de comerciantes y funcionarios importantes que no compartieron desde el
principio con él la idea de imponer una monarquía cuando se estaba acabando con
una monarquía y menos una monarquía de un soldado raso como es el propio
general que lo será pero que es un rango militar que nada tiene que ver con el
abolengo, con Rosita de los planes las intrigas las traiciones de oficiales de
segunda línea que muy alegremente se cruzan de un bando a otro mientras reciben
las informaciones sobre una independencia que no comprenden muy bien, por ellos,
antes de verlo, supo que Simón Bolívar no aceptaría su compañía en sus avances
hacia el sur de américa.

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