Después de Chacabuco de esa
batalla donde se tomó la revancha de Cancha Rayada el capitán San Martín anda
alborotado, es que le fue bien le rindieron réditos esas ideas de juntar a los
chilenos aguerridos y a los negros libertos, más los indios y los orilleros de
todas sus dotaciones y levas, todos juntos peleando por eso que les dice él y los entusiasma, hay cosas entre él y ellos que cuando entran en
los combates son capaces de matar a los hermanos, él después les devuelve las
gauchadas cuando sacrifica media docena de reses y les organiza toreadas, anda
alborotado y entusiasmado se le subieron los laureles a la cabeza para el capitán fue una derrota importante de esos realistas majaderos que no terminan de entender que no van más las cosas como venían, la de esos españoles que no lo bajan de mano negra ahora ellos tuvieron que
bajar la cabeza, pero él los toma con humor a los realistas, como cuando estuvo en la misa de un
fanático fraile agustino, no les sabrán enseñar a estos curacas que ellos no tienen que meterse con los temas de militares y de políticos, divertido apostador en la taba en las toreadas con las recaudaciones de las limosnas y el diezmo, amigo de andar
haciendo juegos de palabras jugó en no pocos de los sermones improvisados
predicando en contra de él durante los tiempos del general Marcó al general de los generales le llegan todas las novedades, justamente de
él que se creerá el fraile que tendrá impunidad que puede hacer o decir lo que quiere que la sotana se lo permite, ese que de San Martín habrá
dicho como dicen que dijo los que dicen, habrá dicho que su nombre es una blasfemia una apostasía para los cielos y habrá exclamado desde el
púlpito sagrado allá donde sube como suben los demás con todos los atributos y adornos, como si fuera el dueño
de esos lugares, no le llaméis San Martín no hay porqué llamarlo sino Martín como a Martín Lutero el peor y más detestable de los herejes, luego de Chacabuco recurrente el
capitán San Martín anda alborotado es que le rindió su plan de incorporar a los
chilenos aguerridos y a los negros libertos, cada vez aguanta menos las insurrecciones por eso ordenó que lo pusieran a
su presencia, y y como es el con ademán terrible fulminándolo con su mirada le dijo cómo,
usted me ha comparado a Lutero, quitándome el San, cómo se llama usted, Zapata,
señor general respondió el fraile asustado contestando humildemente, pues desde
hoy le quito el Za, en castigo, y lo fusilo si alguien le da su antiguo
apellido, el fraile mete la pata y el protector da sus instrucciones, curado del espanto y en la calle cuando un correligionario le llamó por su nombre el
fraile aterrado, le tapó la boca y prorrumpió en voz baja, no, no soy el padre
Zapata, sino el padre Pata, me va en ello la vida en las ocurrencias del general
de los andes.

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