Los ruidos molestos de los
chirríos de los grillos en la entrada noche de ese marzo tapaban claramente los
sonidos del sigilos de las fuerzas de Osorio, derrotado en una batallas
anteriores, acercándose al campamento de los insurrectos de San Martín, de
O’Higgins y Las Heras que habían entrado triunfantes unos meses atrás en la
aldea de los chilenos, ellos eran indeseables para este pero este era el
enemigo para aquellos, para esos que levantaban las banderas de una dependencia
distinta de aquellos que los tildaban de insurrectos, nada estaba muy claro
pero de de algún lado aparecían las libras esterlinas que pagaban la mayor
parte de los viajes de las emancipaciones y movimientos como los de esta noche,
además de lo que ponían los vecinos, anónimos siempre lo pedían, interesados en
librarse de cadenas y ataduras para sus negocios y comercios, el ruido del
chirrío de los grillos tapaba el zumbar de los mosquitos que si no hubieran
despertado alguno de esos dormidos infelices en guerra por lo que no entendían,
en el momento, cuando unos cuantos soldados estaban por caer sobre las primeras
líneas de un ejército de más de ocho mil hombres y como cuarenta cañones según
los partes que fue recibiendo el libertador de los andes capaz que derrotado lo
que no le gustaba, que taponaban el paso de las fuerzas realistas leales a lima
hacia el norte capaz que triunfantes después de las derrotas, los ruidos
molestos de los chirríos de los grillos hacían mella en la somnolencia de los
milicianos de la aldea de las provincias unidas y de sus compadres de la onda
libertaria chilena, unos pocos caminaban entre las sombras de una atmósfera
humedecida y unos muchos recostados ni imaginaban ataques que ni siquiera
preveían sus generales, plácidos dormían en las llanuras, de Cancha Rayada
cerca de Talca.

No comments:
Post a Comment