Se disfrazó muchas veces de soldado
del imperio pero siempre fue un oficial paraguayo, unos y otros en una guerra
de mierda, tiene que haber maldecido a sus enemigos antes de agradecerle al
oficial porque débil como estaba se fue desprendiendo de las vendas que
sujetaban los cortes y la heridas para ir desangrándose con valentía sin gritos
ni quejas ni pedidos de honras ni nada, había sido hecho prisionero y ese fue
su infierno cuando volvió a la conciencia y no quiso aceptarlo, un poco antes en
la feria de Itapirú el flaco se paseaba con uniforme del ejército imperial y
hasta pasaba por oficial de ese ejército cuando había logrado degollar a
algunos con ese rango y robarle las vestimentas de esos soldados que avanzaban
sobre todo el Paraguay a medida que pasaban los días de la guerra de la
alianza, así camuflado y natural se filtraba en la feria colorida donde en
medio de la guerra los vecinos que iban quedando se distraían por unos días
comprando y vendiendo bártulos y alimentos, después corría a informar las
novedades al alto mando una fuente de información de último momento importante
para resistir en la guerras, se llenaba Itapirú de niños barulleros de mujeres
bellas de viejos retirados veteranos de otras guerras, de leales y
traicioneros, que además de negociar y andar de comerciantes llevaban y traían
los chismes y las anécdotas sobre el mariscal y la mariscala que andaban
escondidos por algún lugar de la patria, y entres esos cuentos los cuentos del
flaco eran los más contados, de sus aventuras, de sus lealtades de sus corajes,
de internarse solo con su caballo montando en pelo desmontar caminar al costado
ocultado por yuyarales tupidos para montar en el último tramo y galopando y
sable en mano pescar centinelas desprevenidos del ejército del emperador y
decapitarlos de un golpe, eso enseñaba en su reducido grupo de seguidores de
pasearse disfrazado por campamentos del enemigo sacando información de soldados
desprevenidos, Bado hacía su propia guerra de a poco con parsimonia y paciencia
iba matando de a uno reduciendo de a uno a sus miles de enemigos, disfrazado de
los otros de uno de ellos no dudando nunca de la lealtad hacia su mariscal el mayor
Solano López, tiene que haber maldecido a sus enemigos antes de agradecerle el
oficial porque lo trajeron a la vida después de recogerlo herido y casi ahogado
después de haber peleado como cuentan que pelea, débil como estaba se tiene que
haber ido desprendiendo de las vendas que sujetaban los cortes y la heridas,
para ir desangrándose con valentía sin gritos ni quejas ni pedidos de honras ni
nada después de Piquisiry en el monte del yacaré, el flaco vado quedó en las historias
de unos y otros en una guerra de mierda.

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