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Wednesday, October 09, 2013

Guerra rima amoríos.



Elisa conoce muy bien los sentidos del mariscal se da cuenta cómo presta atención cuando mueve sus enaguas exageradamente almidonadas que le hacen más sensible la piel y le saca sarpullidos en sus rodillas, a pesar de andar siempre en emergencias y cuidando de los soldados heridos o mutilados ella no descuida su séquito de sirvientas que van con ella por todos lados, les enseña cómo tienen que hacer bien sus tareas y con estas cosas de las lavadas y de andar planchando en campañas, ella se molesta por esos lugares donde lo apacible se mezcla con las emergencias, la tranquilidad con la intranquilidad, y a ella esas molestias no le importan cuando anda concentrada en darle a él lo que sabe que le gusta que justamente está debajo de las enaguas pero ates debajo de todas esas telas que la cubren del cogote a los talones, le gusta todo eso que él la ande manoseando las tetas prominentes y duras escondidas detrás de los batones con los que duerme que tienen que estar limpios y lisos si el carbón de las planchas estuvo bien encendido, ella conoce bien de los amoríos que tiene con su marido desde que se conocieron en medio de las lujurias de las noches parisinas, de lo que le viene bien en los desánimos que le causan las traiciones los ajusticiamientos que por lo que grita está están en todas las órdenes, afuera los campos de batalla adentro batallas diferentes con frentes distintos, a la irlandesa Lynch le encantaban esos campos, exclusivos, la guerra en Humaitá ha cruzado la suerte y nada se parece como la guerra y los amoríos puros entreveraos de paraguayos con los de afuera, ellos adentro ocultados de sus subordinados, mezclando.  

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