La noches en Humaitá son
interminables como las interminables jornadas de combates cortos y largos que
se den al amanecer como a las noches porque de día las fuerzas ofensivas se
retiran tiene que ser a pensar nuevamente sus ordenes y sus estrategias, dos
años son muchos de bombardeos en ambos sentidos pero de cañones poderosos de
los paraguayos comparados con los cañones que los otros logran meter por el río
en cañoneras comparadas, tantos años son dos y más o cuatro años haciendo
resistencia en cualquiera de los vértices de esa amurallada de Humaitá donde se
controla a los que remontan el río a los que quieren entrar de oeste desde la
aldea y a los brasileños que bajan por otros estuarios par juntarse con las
fuerzas del ejército de la aldea y de los uruguayos que hacen lo que pueden,
las noches son interminables como las largas jornadas del amanecer hasta el
atardecer en las que sobre todo en los veranos el hedor de la mierda lechosa de
los soldados infectados por el cólera se esparce como reguero de pólvora por
todos los rincones del cuadrilátero de adentro del cuadrilátero porque se cagan
los de adentro pero también los de afuera peor de los que se cagan por los
balazos o las degolladas que hacen cuando se entreveran para ver quién gana, la
mariscala Elisa le ofrece sus apreciaciones al mariscal mayor de Paraguay sobre
esa maldición de Satanás que le lleva tantas levas como las levas que dan de
alta, esa maldita mierda lechosa que huele mal y encima mata pero que los
cañones poderosos de las fuerzas propias y de las fuerzas del imperio.

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