Y en esos campamentos inmensos, en catres en camillas de heridos en lechos desproporcionados para estar en tiendas de la campaña. en esas carpas de lonas resistentes para aguantar la humedad de los pantanos las
inclemencias del tiempo las lluvias y los vientos que en algunos lados son muy
fuertes, en esos acampes de la gente de
la triple alianza en los suburbios de Asunción o a metros de los puertos en
Humaitá y Piribebuy, hay miles de milicianos hambrientos de todo especialmente
de mujeres, calentones y mirones y espiadores de las mujeres que marchan con ellos de comedidas para hacerles las raciones para cuidarles los niños que son obligados a servir al mariscal Mayor don Solano López o al otro mariscal Estigarribia, que no les perdonan ni a las hermanas, porque
a medida que la guerra se alarga se alargan los días fuera de las casas y los
soldados, perdido por pedido, y con los cuernos en sus testas como acostumbran
a bromear entre ellos les ponen los cuernos a sus patronas con las primeras que
encuentran así tengan la fiebre amarilla o la gonorrea que es común por la
mugre, andan detrás de lo que sea, así sean residentas, feas altas petizas o
lindas destinadas, patriotas empedernidas o traicioneras, si para el caso es lo
mismo, y entonces andan sigilosos como duendes queriendo ser invisibles a los
que miran indiscretos, hasta que sacan una idea sobre las relaciones de las
damas que no lo dirán pero que andan igual que ellos insufladas de ganas de energías de junitas y de los locros que comen, como si estuvieran en la misma guerra en alguno de sus combates, van y
vienen primero como sondeando las predisposiciones de la musa o de las damas
elegidas, después comienzan a seguirlas como siguen a los peores enemigos hasta
el último hasta que las comedidas, sean del palo que sean, caen como putas a
tiempo completo y piden y se revuelcan pidiendo los que los otros no les pueden dar después de los primeros enviones, después de todo ellas también andan con escasez especialmente
las nativas las mismas voluptuosas paraguayas que se quedan sin hombres y
entonces se lo cuentan a los curas que son los primeros que se aprovechan de
las situaciones en todos los ejidos paraguayos, ellos les dan docenas de
padrenuestros de penitencias y después se las ensortijan como quieren.

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