Después de Piribebuy cuando
destruyeron los registros de los notarios y los tesoreros del gobierno, los
restos del tesoro nacional, y otros tesoros, las noticias de los saqueos en
Asunción le llegaron como todas las noticias de esta guerra bien tarde muy
tarde al mariscal, que no se habrá asombrado pero si se habrá estado preguntado
de que qué le sirve enterarse de lo que hicieron los brasileños hace ya como
dos meses, las noticias circulan como los ríos con sus efluentes y circulan
como los días de la guerra que lleva años como las noticias que le llegaron
tarde y además muy amontonadas, muchas noticias para un solo día muchas malas
noticias para una sola jornada escuchando al paisano más muerto de hambre y
deshidratado que interesado en lo que le está contando, eso de las matanzas y
de los fusilamientos, de las fincas desbaratadas de las mujeres deshonradas de
los niños en los mismos infiernos de los brutos de la triple alianza, él mismo
está en otras cosas más que en los detalles de todas esas historias que algún
oficial le habrá dicho al infeliz que repita con todos los detalles como
pudiera para que el mariscal saque sus propias conclusiones para seguir con los
próximos pasos de esconderse y mandar la resistencia, al final como les dice a
sus oficiales está convencido que les va ganando porque ha perdido la cuenta de
las batallas ganadas y perdidas, y le han ejecutado los edecanes más activos
que tenía, y como él está de pié y no sabe que hay mujeres y niños paraguayos
peleando por él mismo, esos mismos soplones que entre mentiras y verdades le
decían más o menos la verdad de las cosas, sigue pensando que gana la guerra
como si se pudiera ganar o perder con las simples ganas, total nadie puede
certificar ni lo uno ni lo otro hasta la última batalla o hasta que puedan
salir a contar que lo aniquilaron el brigadier está parado como siempre, y
dispuesto a pelearles hasta la muerte, no les cederá ni un metro de tierra
paraguaya sin florestas ni humedales como la de ellos nada de tierra a esos que
vienen a buscarla, pedazos de tierra grandes igual que el tamaño de la tierra donde
viven pero es tierra que no les sirve para nada porque es toda selva y selva
que no tiene salida al mar porque los otros esos del norte no tienen como él
salida al mar, porque no tienen ríos que
lleguen al mar y entonces no pueden comerciar para afuera porque los barcos
grandes van más para río de janeiro que para río grande del sur y entonces los
señores ricos de ahí se quieren venir a su patria querida y el no los va a
dejar, ríos navegables y que además lleven derecho al océano aunque haya que
sentarse a negociar con esos traicioneros de la aldea o con los de la banda
oriental, ríos con barcos que van y vienen no solamente lo que venden a los
ingleses sino lo que habrán saqueado de lo que habrá sido, cubiertos y cuadros,
sillas y mesas tapizadas en sedas remachadas en nácar, jarras ensaladeras que
habrán pasado por manos de las mil mujeres que habrán servido de hembras a esos
enfermos de paludismo y sífilis del Orleáns, juzgados y legaciones que después
habrán sido utilizados como retretes, si hasta tumbas profanaron dice el
cristiano desahuciado, porque los ríos además de mercaderías para vender y
comprar sirven para mover los botines de los robos y saqueos y también para
escaparse.

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