El que los recomienda a diestra y
siniestra el mismo que anda por las campiñas españolas y francesas presumiendo
que representa a las provincias unidas del río de la plata que no son unidas al
menos tanto como se lo dice o cuantas veces se lo repite, el que los recomienda
por allá cuando lo encuentran y le cuentan que están para partir a los exilios
ese mismo les dice que qué exilio que pasen por la aldea, el mismo que les
extiende recomendaciones a quienes se las pidan anda con la locura que cuando
vuelva va a traer los adoquines para empedrar las calles principales de la
aldea al estilo de cómo están empedradas las calles de las capitales le dice
Carlo a su amigo Lagresse mientras caminan después de terminar las rotaciones
de la imprenta con los pasquines para el otro día, no habrá más calles de
tierra, ni senderos con areniscas se comprarán los empiedres y se contratarán
los maestros constructores, ese mismo él y no el otro que anda buscando que
Enrique mande un marqués a la aldea, que escribe con letras grandes en esas
hojas muy finas y valiosas donde él de su puño y letra más otros de sus puños y
letras escriben arengas cifradas para los que quieran leerlas en contra de los
gobiernos de aquí y del país trasandino con el que tanta vecindad y hermandad
que hasta el general que quieren matar con el otro compatriota van a cruzar la
cordillera para apoyar las emancipaciones de los pueblos hermanos, eso es lo
que dicen habrá que ver lo que hacen, conversan mientras Lagresse se queda
rondando a las meretrices su amigo Roberts se entra a las tertulias de la
hermana del general del cual el está a su servicio.

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