Mucho mérito para nada cuando llegó
el momento de hacerlos valer a esos méritos tanto decoro para nada no sirvieron
de nada para que le perdonen los deslices, un desliz un desacierto si al final
fueron solo eso, pequeños errores yerros equivocaciones, y nadie pudo dar
muestra contundente de las acusaciones, no le sirvió al capitán Zubizarreta
haber puesto el cuero y el pecho en las campañas del alto perú cuando lo
convocaron siempre y lo galardonaron dentro de sus funciones en el ejército del
norte, no le sirvió ni le valió todo eso cuando lo descubrieron haciendo
negocios con los pertrechos, después de cinco años haciéndose cargo de los
inventarios confirmado por todos los generales que pasaron por la jefatura
mayor, un vicio frente a una cantidad indeterminada de virtudes cuando comprobaron
con testigos y todo que después declararon, que además mintieron por ordenes
superiores que son ordenes que vienen desde el gobierno y como el gobierno es
un lío con el cual no se ponen de acuerdo, otro lío en el juicio sumarísimo que
se le hizo para devolverlo con deshonras a la vida civil, lo que habrá
agradecido porque ni lo lonjearon ni lo degollaron, y el capitán Zubizarreta
siguió teniendo la misma vida que tuvo siempre en la aldea cagando más arriba
de donde tiene el culo, codeándose con la aristocracia en los salones y en
todas las tertulias, porque él siguió con el mismo negocio porque mientras los
estuvo haciendo había formado a unos cuantos milicianos a los que les regalaba
suculentas propinas acordes a los trabajos que le hacían, y para los matacos una
tropilla de doce buenas mulas por acá, una yunta doble de nobles bueyes por
allá, una selección cuidadosa de algunos de los padrillos que cada dos meses
proveían al ejército en cantidades que en realidad nadie controlaba porque
nadie su ponías en el trabajo de hacer esos conteos, potrillos para que las
sirvieran a las potrancas y mejoraran la sangre de los animales disponibles en
las guerras y en las campañas por acá, unas tandas de chaquetas o ponchos o lo
que fuera o carajo le pidieran, que a Yanquetruz y a su gente le gustaban,
porque para esos indios agradecidos que pagaban en el cambio con oro o plata
que antes cambiaban con sus hermanos de otras tribus si no los saqueaban,
Zubizarreta era muy generoso y así se fue haciendo un hombre acaudalado.

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