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Wednesday, March 13, 2013

Vicios rima virtudes.



Mucho mérito para nada cuando llegó el momento de hacerlos valer a esos méritos tanto decoro para nada no sirvieron de nada para que le perdonen los deslices, un desliz un desacierto si al final fueron solo eso, pequeños errores yerros equivocaciones, y nadie pudo dar muestra contundente de las acusaciones, no le sirvió al capitán Zubizarreta haber puesto el cuero y el pecho en las campañas del alto perú cuando lo convocaron siempre y lo galardonaron dentro de sus funciones en el ejército del norte, no le sirvió ni le valió todo eso cuando lo descubrieron haciendo negocios con los pertrechos, después de cinco años haciéndose cargo de los inventarios confirmado por todos los generales que pasaron por la jefatura mayor, un vicio frente a una cantidad indeterminada de virtudes cuando comprobaron con testigos y todo que después declararon, que además mintieron por ordenes superiores que son ordenes que vienen desde el gobierno y como el gobierno es un lío con el cual no se ponen de acuerdo, otro lío en el juicio sumarísimo que se le hizo para devolverlo con deshonras a la vida civil, lo que habrá agradecido porque ni lo lonjearon ni lo degollaron, y el capitán Zubizarreta siguió teniendo la misma vida que tuvo siempre en la aldea cagando más arriba de donde tiene el culo, codeándose con la aristocracia en los salones y en todas las tertulias, porque él siguió con el mismo negocio porque mientras los estuvo haciendo había formado a unos cuantos milicianos a los que les regalaba suculentas propinas acordes a los trabajos que le hacían, y para los matacos una tropilla de doce buenas mulas por acá, una yunta doble de nobles bueyes por allá, una selección cuidadosa de algunos de los padrillos que cada dos meses proveían al ejército en cantidades que en realidad nadie controlaba porque nadie su ponías en el trabajo de hacer esos conteos, potrillos para que las sirvieran a las potrancas y mejoraran la sangre de los animales disponibles en las guerras y en las campañas por acá, unas tandas de chaquetas o ponchos o lo que fuera o carajo le pidieran, que a Yanquetruz y a su gente le gustaban, porque para esos indios agradecidos que pagaban en el cambio con oro o plata que antes cambiaban con sus hermanos de otras tribus si no los saqueaban, Zubizarreta era muy generoso y así se fue haciendo un hombre acaudalado.

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