En
el vado de la balsa en chadileuvú Yanquetruz se dio el último gusto de pasar
por degüello a muchos oficiales y
soldados del restaurador después de días de cansarlos dando vueltas en el vasto
desierto que el conoce mucho y los otros no conocen nada, loco anduvo hasta que
se dio el desenlace loco siguió durante el combate, con los mismos milicianos a
los que obligó a que lo persiguieran por días con la ilusión que lo estaban
derrotando cuando era en realidad él el que les pudo caer encima justo en el
momento que él decidió y les dio las ordenes a sus capitanejos que además
estuvieron preparados todo el tiempo, como si fueran su juego el juego que más
le gusta divertido anduvo entonces salpicado de tripas y de sangre salpicando a
los otros matacos que como él se ponen locos igual que él y se olvidan hasta
del botín por los degüellos, tripas y sangre surcando el aire como si fueran
serpentinas de las que se ven en las quermeses tiradas al aire cayendo por todos
lados, mientras ellos metieron cuchillos y lanzas que traspasaban torsos y
camisas y chaquetas de esos militares que quedaron como las hilachas de sus
vestimentas todo cortajeados hediondos y ensangrentados, carroñero como el
águila de los andes que exagerado como es el cuenta que vio de frente a los
ojos un atardecer que se encontraron porque el animalejo debe haber creído que
estaba muerto cuando estuvo durmiendo, en el vado de la balsa en chadileuvú
Yanquetruz juntó uno de botines más importantes de su carrera por las pampas
caballos mochilas uniformes monturas y demás pertrechos además de un arsenal
importante de fusiles y arcabuces y un cuarteto de cañones que ordenó se
llevaran a las tolderías con el mayor de los cuidados, todo un tesoro que como
fue el terminó en manos de su gente en una comilona en la que comieron y
chuparon como cinco días, después de heredar en el ulmanato de máscara verde
que confió en el apenas lo vio porque ya venía con la fama de indio cruzado y
taimado, cerca de diez mil indios en total familias enteras de ranqueles
asentados en sus tolderías y en un semicírculo que se abría con el centro de la
aldea para el lado del mar y de la pre cordillera, tres mil guerreros entre
quince y sesenta años que controló con cada uno de sus capitanes por cada grupos
de a diez o de a veinte matacos entrenados.

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