El manda a sus lugartenientes que ni sabe que se llaman así los llaman los indios que entienden de hablar el cristiano y le dicen que así los llaman los otros a los ayudantes a esos capitanejos que
se pintan las caras y se cruzan líneas de colores por todo el cuerpo en el pecho
en los brazos y se arreglan las melenas para ir a las guerras como para cuando
celebran a sus dioses, y que son como él monos aguerridos deambulando en
pelotas montados en potrillos rebeldes los manda a que le esquiven a las balas
de los bucaneros de artillería o a las espadas de los húsares que aparecen y
los degollan sin contemplaciones y les quiten las cosas pero especialmente a
las hembras carnudas y a la niñas, el manda a sus lugartenientes cargados de
lanzas de flechas de boleadoras a demostrarles a los otros que aunque los
consideren animales y salvajes les demuestren que aunque sean menos los
paisanos que guerrean que los que se convierten en cristianos por estas pampas
ellos están dispuestos a pelear hasta la muerte demostrando que hacen honor a
sus ancestros guerreros que vinieron por el norte desde lejos y que por acá se
vivía tranquilo antes que aparecieran, joven nomás como es Llanquetruz los
tiene locos a los soldados de la federación que ya no es la federación del
colorado que nadaba el río salado porque le cuentan que su enemigo Cafulcurá
ahora anda de yuntas con el patrón de entre ríos que a la vez traicionó al
restaurador que a la vez traicionó a otros como se traicionan en la aldea y
todos los acuerdos que hicieron para ir a quitarles a ellos las tierras y
entregarles a los amigos que se hacen con eso potentados y señores de elegantes
levitas que pasean campantes por la aldea, lejos de sus tolderías, joven nomás
es lo que más los asombra a los otros que no tenga más de veinte años Llanquetruz
y los esté volviendo locos a los soldados de Obligado que lo invita a la aldea alguien
le endilga sangre alemana para que se conozcan y conozca el otro sobre ellos y
las ventajas de andar en paz la paz que les conviene mientras ganen unos y
pierdan los otros y acuerden una paz que no llega ni con las lanzas con los facones ni con las pistolas, joven nomás
como es y loco a Llanquetruz en su paseo los llevan al teatro para ver lo que
no le interesa y se duerme el salvaje y un concierto de pedos y de eructos
sobresalen entre los sonidos de la solemne función que hizo el Obligado para
mostrar una buena voluntad que no tiene, solamente se conforma con que este
indio pedorro y maleducado no como ellos que disimulan sus groserías elija
andar más como José María que como el indio en su toldería aunque sea el hijo
del tenebroso Chequeta y se deje de joder en el desierto y las pampas.

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