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Monday, February 11, 2013

No rima sí.

No rima sí. Nunca tuvieron ni un sí ni un no, Manuel y María son una pareja en comunión permanente, nunca un sí ni un no entre ellos, son más bien de andar con frases hechas que les vienen como anillos al dedo, nunca un sí ni un no entre ellos hasta que los tuvieron. El primero, fue con motivo de una larga discusión que duró varias semanas por la casa que el padre de ella, matarife adinerado de los corrales de Liniers, les regaló para su boda, porque se trató de una mansión levantada en un lote que bordeaba los suburbios de entonces, la construcción quedó en un lugar que era como si fuera una frontera, entre las casas de la gente llena de vida y distinguida de la ciudad y las casas de las yuntas de muertos del malandraje de las orillas, en realidad inofensivo pero representado por gente de distinta estofa ordinaria pero muy ordinaria. El dijo que no viviría en ese lugar, en el límite entre los ricos que tienen una buena vida y los pobres que eso no es vida. Ella tuvo su forma de expresar su sí cuando dijo a caballo regalado no se le miran los dientes. En los atardeceres de cualquier día y más de los fines de semana o feriados, en el lote en el que quedó la casa levantada por el mejor arquitecto que pudo contratar el viejo para eso, se escuchaban clarito los gritos de gente borracha, interminables discusiones de matrimonios mal avenidos con niños llorando, y no pocas gallinas cloqueando en los amaneceres y perros aullando y gatos maullando a cualquier hora, seguro que de hambre, porque los que ellos veían pasar parecían esqueletos con hueso, fantasmas deambulando igual que sus dueños de un lado para el otro, primero desde el caserío de los pobres muertos de hambre, al de la gente más acomodada los ricos de buena vida, y alimentadas las infortunadas y hambrientas criaturas, del caserío de esta gente de nuevo a los predios de los conventillos, hablando solamente de los ruidos, porque también había una cuestión con los olores nauseabundos que de la parte de los pobres más muertos que vivos, invisibles en un halo que casi se podría haber tocado, pasaban a la parte de los vivaces ricos, especialmente los días de calor después de las tormentas y de las inundaciones del arroyo Maldonado. Con esos motivos María estuvo ofendida mucho tiempo porque Manuel, en su camino para ser el hombre de la casa resumió todo su malestar con la chocante frase casa de primera en barrio de segunda, y bien criada como era ella anduvo lloriqueando silenciosa, hasta que el otro vino con las disculpas que le costaron en tiempos y en formas, porque, en su camino para ser un hombre de fuertes prejuicios, él estaba convencido que el viejo con semejante regalo que no fue el único con el mismo origen, le quiso dar a entender a su hija, que como única ella heredaría todas sus dotes pero que supiera que el candidato no fue de su agrado, para el gordo matarife del mercado de Liniers Manuel fue como un Marqués de segunda categoría considerando que la aspiración a un príncipe le podría estar vedada a su incontrastable reina. La segunda discrepancia fue como al mes de casados pero mucho más leve que la primera, porque después de tenerla se pusieron muy tristes y desconcertados. A los dos les gustaban las reuniones sociales así que eran grandes anfitriones, en la misma casa que dicho sea de paso era grande y daba para que quien quisiera se quedara visitándolos por unos días, El la increpó diciendo que no tendría que haber invitado a su ex jefe sabiendo que lo odia como lo odia que le ha deseado la muerte más de una vez, y que en el día ya se lo cruzó como dos o tres veces. Ella le dijo cualquiera tiene un muerto en el placard, que no se queje que la vida da muchas vueltas que se siente y verá pasar el cadáver de su enemigo. Después de estas palabras, muy tristes se quedaron, y desconcertados supieron entonces, que ellos mismos, estaban más muertos que vivos.

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