Muerto el perro se acabó la rabia pero esa rabia porque siguieron otras rabias y siguen las rabias porque no se dirimen las rabias como dirimen los gauchos su rabias con los facones degollando murmulla el Alfonso con sus compadres al lado de las estacas que hacen de
asadores improvisados de un par de chivos que sus amigos han puesto para
celebrar su aquerenciamiento anunciado por el mismo y celebrado por su china y
los gurises que lo reconocen porque es juguetón con ellos, ha dejado de andar
por todos lados acompañando a los generales por el norte por el oriente sin más
réditos que su jornal de soldado que apenas le alcanza, ha dejado las campañas
militares las campañas al desierto en busca de tierras que después se reparten
entre ellos entre esos mismos señores para los que las peleas son solamente
parte de los balances donde cuentan ganancias y quebrantos, y las leyendas van
quedando, de héroes que se mueren por la patria que no son más que tipos de
carne y huesos con todos sus defectos, y entonces de quedar en los caminos las
leyendas se convierten en historias y cuando se vuelven historias las leyendas se
vuelven más mentiras que verdades, muerto el perro se acabó la rabia pero hasta
por ahí nomás porque dice el Alfonso que ya no habrá gauchos guapos colorados o
celestes como antes machos arriendo ganados cimarrones como los mismos paisanos,
ahora ellos, que honran a sus mayores como él a los parientes que murieron en
el cuartel de las temporalidades, quedan ellos convertidos en señores
comerciantes y estancieros que cierran sus negocios en los cafés o en las
tabernas de moda o en la taberna remodelada de los hijos de los hijos de
Monsieur Ramón, después de la muerte del patriarca de entre ríos las cosas no
volvieron a ser iguales en la aldea, para empezar ese mismo patriarca perdió
una batalla que tenía ganada y nadie sabe porque fue así porqué fue lo que fue,
Mitre y Sarmiento como si fueran un huracán que se lleva todo desmantelaron los
últimos vestigios de la vieja guerra entre unitarios y los de la santa
federación, ya no hubo hombres de ponchos rojos o de ponchos celestes apostados
en los montes recorriendo las fortalezas y los poblados para agarrarse en mil
rencillas de las rencillas que hubieron, y se persiguió a los criollos y a los
pocos indios que quedaban después de los evangelizados y profanados en sus
dignidades, más que nada a los que no tuvieron las posibilidades que los
defendiera el Chacho que en sus lugares por lo menos les puso un coto, ya no
hubo de aquellos pero las verdaderas peleas siguen entre los que están por acá
más cerca de los negocios importantes que se hacen en los mismos amarraderos
del puerto no como los negocios que se hacen en la provincias cuando falta
arreglar por el flete que algunos comerciantes quieren desconocer, ahora hay
partidarios del partido de los conservas y de los que se hacen llamar radicales
pero que son la misma bosta aunque sean jóvenes ya van desvirtuados con los
asuntos público, la misma porquería de gente reventándose por intereses y por
dinero, les dice el Alfonso a sus interlocutores apoyado en un árbol de
guayaba.

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