Pages

Friday, February 22, 2013

Leyendas rima historias.



Muerto el perro se acabó la rabia pero esa rabia porque siguieron otras rabias y siguen las rabias porque no se dirimen las rabias como dirimen los gauchos su rabias con los facones degollando murmulla el Alfonso con sus compadres al lado de las estacas que hacen de asadores improvisados de un par de chivos que sus amigos han puesto para celebrar su aquerenciamiento anunciado por el mismo y celebrado por su china y los gurises que lo reconocen porque es juguetón con ellos, ha dejado de andar por todos lados acompañando a los generales por el norte por el oriente sin más réditos que su jornal de soldado que apenas le alcanza, ha dejado las campañas militares las campañas al desierto en busca de tierras que después se reparten entre ellos entre esos mismos señores para los que las peleas son solamente parte de los balances donde cuentan ganancias y quebrantos, y las leyendas van quedando, de héroes que se mueren por la patria que no son más que tipos de carne y huesos con todos sus defectos, y entonces de quedar en los caminos las leyendas se convierten en historias y cuando se vuelven historias las leyendas se vuelven más mentiras que verdades, muerto el perro se acabó la rabia pero hasta por ahí nomás porque dice el Alfonso que ya no habrá gauchos guapos colorados o celestes como antes machos arriendo ganados cimarrones como los mismos paisanos, ahora ellos, que honran a sus mayores como él a los parientes que murieron en el cuartel de las temporalidades, quedan ellos convertidos en señores comerciantes y estancieros que cierran sus negocios en los cafés o en las tabernas de moda o en la taberna remodelada de los hijos de los hijos de Monsieur Ramón, después de la muerte del patriarca de entre ríos las cosas no volvieron a ser iguales en la aldea, para empezar ese mismo patriarca perdió una batalla que tenía ganada y nadie sabe porque fue así porqué fue lo que fue, Mitre y Sarmiento como si fueran un huracán que se lleva todo desmantelaron los últimos vestigios de la vieja guerra entre unitarios y los de la santa federación, ya no hubo hombres de ponchos rojos o de ponchos celestes apostados en los montes recorriendo las fortalezas y los poblados para agarrarse en mil rencillas de las rencillas que hubieron, y se persiguió a los criollos y a los pocos indios que quedaban después de los evangelizados y profanados en sus dignidades, más que nada a los que no tuvieron las posibilidades que los defendiera el Chacho que en sus lugares por lo menos les puso un coto, ya no hubo de aquellos pero las verdaderas peleas siguen entre los que están por acá más cerca de los negocios importantes que se hacen en los mismos amarraderos del puerto no como los negocios que se hacen en la provincias cuando falta arreglar por el flete que algunos comerciantes quieren desconocer, ahora hay partidarios del partido de los conservas y de los que se hacen llamar radicales pero que son la misma bosta aunque sean jóvenes ya van desvirtuados con los asuntos público, la misma porquería de gente reventándose por intereses y por dinero, les dice el Alfonso a sus interlocutores apoyado en un árbol de guayaba.

No comments:

Post a Comment