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Friday, February 01, 2013
Contrariedades rima atrocidades.
Contrariedades rima atrocidades.
Comida de primera para bandidos de cuarta o quinta categoría vaya a saber la categoría que ellos mismos se ponen sucios y malolientes pensó monsieur Claudio sobrino de Ramón de la aldea, el fino cocinero que el general contrató para que haga de jefe en su cocina, estofado de corzuela tiernizada con leche con pan humeante y caliente todavía y una natilla dulce para el postre, roñosos de porquería que pueden comer con el cadáver del otro rodeado de un charco de sangre a unos metros del comedor, servidos por los sirvientes y las sirvientas pechugonas y culpables de etas contrariedades en la semana santa, damas de primera carnosas limpias y perfumadas para bestias peludas y torpes y hediondas que miran sus pechos con ganas seguro que para hacer que están mamando como tristes que no destetaron cuando terminaron de mamarse con aguardiente, pensaron las hijas y Juanita cuando algunos de esos maleantes grasientos y apestosos comenzó a proponer a los gritos en medio de carcajadas y bromas de violarlas a todas entre todos en el momento en que al mayordomo les quitó las ganas con amenazas, asesinos de primera para condenado de primera y mortal de segunda pensó Simón el jefe de la colorada partida de gauchos vestidos de negro como si fluyeran jinetes del apocalipsis que se habrá imaginado el mozo cuando escuchó cuando entraron a sus palacios, después de todo vinieron solamente para matar a este federal traicionero con los señores de la aldea y cuando termine la juerga en la casa de don Justo José los doce apóstoles del infierno de la partida se desparramarán desorientados como son ellos mismos gauchos matreros, troperos de ganado cimarrón milicianos incorporados a la fuerza en ejércitos de cobardes que pelan entre ellos, lo principal es borrar los rastros para que la leyenda quede incompleta para quien vaya a contarla, aunque el cadáver quede horas al costado del aljibe hasta que lleguen los notarios para dar los partes de la defunción del occiso, chusma de segunda para asesinatos de primera andarán pensando los familiares los sirvientes las plañideras que llegaron, eso es lo que piensan los señores de levita negra en los salones mientras fuman de la docena de salteadores en la casa al momento del ataque sañoso contra el otro, cuatreros en medio de la gente decente, que vayan nomás con cuentos y detalles al juez de paz o al comisario también está arreglado conversado y pagado, que vengan a preguntar de cosas para las que ya tienen explicaciones, la mitad del pueblo lo quería vivo al general y la otra mitad lo quería muerto y ganaron estos y no aquellos, pensó el Nico cuando los hizo acordar a esos apóstoles de Lucifer que esas son las instrucciones que tienen porque los que encargaron el trabajo dijeron que las dos cosas más importantes que había, era que ellos entendieran bien lo que tuvieran que hacer y la entendieron entrando como una tromba al palacio cosa de agarrar desprevenidos a todos y al patrón especialmente, tirando tiros al aire y gritando las consignas de federales porque los unitarios están por buenos aires, y que por eso recibieran sus pagas en efectivo pesos o patacones, las dos cosas estuvieron cumplidas como tres días antes de los despliegues los demás repartieron a sus parientes y uno escondió las vituallas en la alforjas, el otro no gritó los santos y señas de los federales sino los propios hablando al desfalleciente diciendo que de mierda nomás que fue cuando no quiso escucharlo se le murió la Josefa y el gurí y que tenga por eso que es culpa de él un puntazo tras otros doce también ni que fueran devotos rezando con un rosario y en penitencias, vida de vagabundo en caballo de primera el Simón la emprendió para el imperio más cerca se internó en la selva brasileña y apareció como a los diez años de nuevo por entre ríos, pensó el tabernero que les cortó la provisión del alcohol que ingerían como a los dos días a esos gauchos sucios y apestosos y ahí se armó el entrevero, otros doce forajidos multiplicando sus tiros contra Simón que se habrá acordado de sus tiempos de agricultor tranquilo mientras los otros se acordaron de sus traiciones, esquivó las balas disparando él mismo muchas veces con suerte porque no le alcanzó pegó ninguna, hasta que un colorado más borracho que él le revoleó un fusil desvencijado por la cabeza y lo desnucó de un golpe, después de haber andado ejecutando atrocidades por instrucciones y en nombre de otros morirse como si nada.

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