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Saturday, January 05, 2013

Mascaradas rima carnavales.

El mismo restaurador que anduvo rodeado de cínicos y traicioneros en toda su vida y en todos sus gobiernos, acostumbrado a las máscaras y a los disfraces de toda laya, se ocupó por su cuenta de los festejos del ajetreado treinta y seis aunque desde que tiene uso de razón y responsabilidades con los paisanos todos los años hace lo mismo poco más poco menos, mirando para otro lado cuando comienzan los juegos y los bailes y los desfiles de las comparsas de candomberos que él ha dispuesto que pueden circular libremente, para que esos pobres infelices se diviertan un poco y además de paso diviertan a los otros en la aldea los aburridos y bucólicos y no se anden acordando de los problemas, con la excepción de los quejosos señores lomos negros y otros traicioneros que se han ido a quejar de él con el obispo para decirle que estos se caen con los bailes y con los desfiles muy cerca del miércoles de ceniza, para que él mismo el propio obispo los largue sin decirles nada porque también son fiestas de por allá y el papa también hace la vista gorda aunque las llame fiestas paganas, el mismo patrón del poncho rojo ha ido poniendo en autos al jefe del cuerpo de guardias de la fortaleza, con los ineludibles detalles de disparar tres cañonazos para comenzar los juegos y seis cañonazos para avisar que comiencen a terminar porque si se los deja los morenos especialmente siguen, dejándose mojar y mojando con lo que encuentran y él conoce bien sus debilidades que si le piden media hora se hacen como tres de mamar más y hacer más desmanes, y circulan los carros con tinas de agua, jarros de todos los tamaños y jeringas, y huevos de ñandú vaciados y llenados con agua o directamente huevos podridos para los más mal intencionados vejigas llenas de aire o de agua con la que se golpea a los transeúntes desprevenidos y a los opas en las provincias donde hay a montones porque se casan entre los primos, batallas campales que a él le hacen poca gracia porque están los que se aprovechan para entrar sin permisos en las casas y robar y entonces hay que reforzar las guardias, y los que se aprovechan de las mujeres que juegan manoseándolas y rompiendo sus ropas, y están los negros que se dividen en naciones y se juntan en tambos y están los que andan con el día del entierro del muñeco de paja, al que llaman mandinga o el Judas que al último queman en medio de la fiesta general, el mismo restaurador se ocupó por su cuenta de la prohibición de los festejos cuando fue el ajetreado cuarenta y cuatro porque decían que apenas sonaron las campanas del comienzo no faltó el moreno que le tiró un balde de agua, justo a él, el calentón y el restaurador de la prudencia y el orden.

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