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Sunday, October 21, 2012
Tortugas rima fugas.
Antes que Urdidinea llegara el general ya había conocido a la niña en el rancho de los Carvajal, con curvas por todo su cuerpo unos pechos inmensos y una sonrisa con la que lo cautivó de entrada, prendado quedó de tanta entrega, en el rancho de los Carvajal un rancho de mala muerte levantado a la vera del camino real al alto perú a la altura de donde anduvo por entonces, uno de los pocos ranchos habitados por paisanos amigables porque en la mayoría de los otros gauchos alistados vivían de ahijunas con la federación, y también antes que llegara Urdidinea ya le había echado unas cuantas miradas libidinosas a esa chinita de apenas quince años que caminaba por los perímetros de las huertas jugando con una tortuga y ayudando a sus mayores en las cosechas de la uvas y los frutos de los olivares, en siestas apacibles que pasó por esos días o en atardeceres sin novedades ni entreveros que aprovecho par mamarse tranquilo y reponer sueños y ensueños atrasados, miradas lúbricas del insigne león de Riobamba convenientes correspondidas con las miradas incontinentes de esa hembra que florecía intensamente debajo del ropaje liviano que llevaba, por eso cuando el boliviano llegó con los refuerzos de los diezmados ejércitos libertadores y más rápido que un rayo se casó con la doncella anduvo enloquecido, esa era carne para sus estacas y no estuvo dispuesto a resignar ni un pedazo, y así fue nomás que al otro le duró lo que dura un bocado de tasajo y la Teodolinda terminó enredada con él casi una semana, los resultados de su aventura fueron, fugas por lances fugaces fugando de figuraciones y de gauchos enojados, la pérdida de un oficial importante que se murió de la vergüenza y el repliegue del general hacia los valles calchaquíes llevando a cuestas no solamente a esa dama sino también a la Solana.

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