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Thursday, October 11, 2012

Izquierdas rima derechas.

San Cala por Cuyo y quebracho herrado venían como acumulaciones de las derrotas, los unitarios retrocediendo con los federales como otras veces los federales reculando con los unitarios, la mañana del diecinueve de setiembre de mil ochocientos cuarenta y uno está cálida y pegajosa sobre el valle sobre el mar de caña que se pierde en el horizonte y en la lomadas, llueve mucho esta temporada y al mediodía el sol en el cenit levanta un vapor de esos el general el cóndor entre los cóndor el león de Riobamba resiste la persecución de Oribe que envalentonado no le afloja, los unitarios vienen de una y de otra la liga del norte la famosa coalición del norte brazo armado de la logia que ya no gobierna porque gobierna el jefe de la federación viva la federación, unas veces ellos otras veces los otros pero en las últimas veces más los otros que ellos el general está molesto por las informaciones que le traen en Famaillá anda con un tercio de los hombres de esos majaderos, escapando a Jujuy le escribe a su general don José María Paz que como a las dos de la madrugada del cuatro de septiembre, salí de la ciudad con mi pequeña fuerza, pasé por el flanco izquierdo del ejército enemigo, y reuniendo en esta marcha mis escuadrones, medio montados y medio a pie, pasé el río de Famaillá, quedé a retaguardia del ejército enemigo, el cual, suponiéndome bastante fuerte para batir a Garzón, que con setecientos hombres, de las tres armas, había quedado a su retaguardia, con su parque y bagajes, retrocedió rápidamente doce leguas, entonces yo volví por el mismo camino sobre la capital, y pude respirar en cuatro días que el enemigo permaneció inactivo, reunido Garzón, todo el ejército enemigo volvió sobre la capital, por el camino por donde yo había maniobrado, mis escuadrones estaban ya montados, a caballo por hombre, y había reunido, además, trescientos milicianos del regimiento de la capital, a la aproximación del enemigo, por el camino de arriba, como ya he dicho, tomé yo uno de los dos de abajo, y caí a Monteros, doce leguas al sur de la capital, el enemigo, entonces, dejo en ella una guarnición de doscientos infantes, cuatrocientos hombres de caballería y tres piezas a las órdenes de Garzón, y con el resto de sus fuerzas, volvió a marchar hacia el sur, y acampó en la orilla del río Famaillá, yo mantuve mi campo a seis leguas del enemigo, y reuní entretanto quinientos milicianos más de los de Monteros, y otros departamentos, mi fuerza ascendía entonces a mil trescientos hombres de caballería, y los infantes y cañones referidos, dos días medité profundamente sobre mi situación, y me resolví a atacar al ejército enemigo, siéndome imposible caer sobre la parte más débil en número, que era la guarnición de la ciudad, las razones porque me decidí a dar esta batalla tan desigual, las expondré si algún día se me hace cargo del resultado, durante la noche del dieciocho al diecinueve pasé el río de Famaillá, veinte cuadras del campo enemigo, aguas arriba, y dando vuelta sobre mi derecho; amanecí formado en batalla a la espalda del enemigo, y a una distancia de veinte cuadras aproximadamente, el enemigo dio vuelta y me atacó al instante, el éxito de la batalla dependía del combate entre mi izquierda y la derecha enemiga donde estaba lo selecto de la caballería de ambos, mi derecha y la izquierda enemiga, compuestas de los santiagueños, esperaban el resultado del combate del ala opuesta, para huir o avanzar, la poderosa infantería enemiga estaba contenida y obligada a tenderse en el suelo, por el fuego de nuestros tres cañones, que habían tenido la fortuna de desmontar una pieza de a ocho, la más fuerte del enemigo, la derecha enemiga atacó mi izquierda; mis primeros escuadrones fueron vencedores, y lancearon por la espalda más de cien enemigos; pero el escuadrón Libertador (compuesto todo de porteños), al que no tocaba sino un esfuerzo muy inferior al que habían hecho los otros escuadrones, huyó a treinta varas del escuadrón enemigo, que le tocó cargar, y la derrota de la izquierda empezó a pronunciarse, lancé entonces mi escolta, que tomaba perfectamente por el flanco izquierdo de la derecha enemiga, en su primer ímpetu arrolló una parte de la fuerza enemiga que perseguía, pero no fue ayudada por los otros escuadrones, que debían haber vuelto caras inmediatamente, y huyó también, mi derecha, que mandé en el acto cargar a la izquierda enemiga, se disolvió moverse, y entonces los santiagueños avanzaron, porque ya no tenían enemigos al frente, debe usted inferir lo que harían mis pobres ochenta infantes, cuya mayor parte tenían fusiles descompuestos, huyeron a salvarse en un bosque inmediato, mis tres piezas fueron tomadas por el enemigo, que no persiguió a nadie, sino a mi sola persona, pues nuestra izquierda había salido del bosque con menos pérdida que el enemigo, el que siempre le respetó aun viéndola dispersa y en fuga, se perdió, pues la batalla de Famaillá, y a los once días llegué a esta ciudad de salta, con la mayor parte de mi ala izquierda, mi ala derecha era toda de tucumanos, que se fueron a sus casas.

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