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Thursday, June 28, 2012
fuegos
Fuegos y juegos.
Las siestas del verano son aburridas y la humedad del aire en la aldea hace sentir las ropas pegajosas, más cuando se tomó la responsabilidad con los el triunvirato que le pidieron responsabilidad porque son fondos de la administración los que se están gastando para pertrechar a lo patricios y a los arribeños y a todas las fuerzas del ejército que se va armando, mientras mira el fuego de la fragua del horno donde los morteros se harán paso a paso como si se estuvieran cocinando en un caldo y en los mismos infiernos, esos cañones bajos que destrozarán unos cuantos invasores, el concupiscente de Monasterio piensa en las suciedades que hacen con su mujer envueltos en calores parecidos a los que siente en este instante, y en los aposentos nupciales cuando las sociedades no los miran ella se convierte en una auténtica meretriz y él en un macho salvaje que por lo que la otra dice la vuelve loca jugando, de tanto desgarrarle las ropas como si fueran tajos de una naranja que se pela juega él juega ella y juegan, él se la va arrancando mientras ella grita gime se acurruca con escalofríos que vienen con humedades en sus piernas y las humedades de él que también seguramente sentirá entre esas mismas piernas, el intemperante Monasterio vigila atento las tareas de soportes d los soldados convertidos en sus peones que destinó para que no le aflojen con la leña y mantener el fuego con una intensidad que permita una cocción pareja efectiva, como es él mismo como al menos se siente cada vez que termina y la embaraza y la otra queda toda salpicada aunque satisfecha.

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