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Sunday, March 04, 2012

transas y trenzas

Transas y trenzas. Agustín Castillo perdido en un rescoldo del salón con dos hembras que lo acarician va contestando lo que habla su amigo y compañero Carmen, el sargento Enríquez pasa revista y aprovecha para decirle también que él no se pasará el cuchillo ni una navaja para cortarse para cortarse ni un pelo de su ennegrecida melena, ni un pelo de esas ondas que exageran las vinchas que aprietan, ellos son lo menos rancio del batallón de patricios y también los más jóvenes y por lo tanto los que tienen más resistencias para hacer varias cosas al mismo tiempo, como resistir para no ser pelones ellos son hombres libres al menos lo fueron antes de entrar en estos líos de las guardias urbanas por temor a los piratas de afuera, como vienen con las mujeres que Alfonso hizo traer al cuartel, ellas piden y ellos dan lo que tienen y vuelven a darlo y piden y ellas dan más por puro placer que de generosos, ellos tienen resistencia para andar escuálidos por el hambre o la escasez de comida de todos estos días, el calor la humedad y chuparse la aloja que encuentran o que los que reparten les dan, y además estar disponibles si hay una emergencia con esos del cabildo que a esta hora deben de estar durmiendo, o transando o durmiendo transando durmiendo, ellos hacen sus trapisondas en las tertulias de los atardeceres o en los sopores de las siestas cuando los paisanos normales está recogidos en sus descansos, ellos arman marañas en salones escondidos dormitorios tirados en la cama revolcados con sus melindrosas damas que colaboran con la intrigas y las traiciones, doctores enriquecidos pueblo empobrecido transas consuetudinarios paisanos desguarnecidos, allí arreglan conspiran y después salen a engañar al pueblo diciéndoles que lo que ellos dicen es lo que más conviene, a la patria dicen cuando nadie entiende qué es la patria, Agustín Castillo le agrega a lo que habla su compañero, que lo menos temporal de este mundo son los hombres las bestias las alimañas que mueren de un pisotón con botines y que las cosas que no tienen vida permanecen como los muebles de los curas que él dice que dejaron en las temporalidades, y el suscripto Juan Herrera le agrega que ellos mismos están justo ahora por dejar sus lugares por un porvenir de mierda exponiendo el cuero con los transas de la junta que en vez de defenderlos a ellos son testaferros de los comerciantes poderosos de afuera que ponen pesos fuertes para las guerras en las que ellos mueren como él que cree que morirán ellos después de todos estos líos porque no les cree nada ni a Rivadavia ni a ninguno de los que están con él lacayos del dinero, como si fuera el único normal sostiene con una mano la cadera de su compañera tetona que contesta que no, le dice que no al gringo Nonfres que loco de amor calenturas y otros delirios como es no para de libar cuanto jarro o guata o cantimplora pasa cerca ni de hacer cochinadas con cualquiera de las mujeres que no le hacen asco a sus guarangadas, el gringo vive encerrado en su mundo por eso borracho en la madrugada del seis de diciembre les dice como en serio y como en broma a sus compañeros que él les dará un escarmiento a esos que quieren obligarlos a que se corten el pelo, a esos que los quieren distraer para sacarlo al jefe del medio para nombrar otros jefes y para que la aldea que tiene puerto se quede con todas las ganancias del comercio hasta con aquellas ganancias de la gente que viene de otro lugares del virreinato, como los curas que estuvieron y dejaron sus cosas que ahora, temporalmente están en manos de los vivos del cabildo, capilla y su equipamiento dos mil pesos edificio y mobiliario tres mil pesos, herramientas quinientos veinte pesos, ranchería cuatrocientos cincuenta, esclavos ochenta y tres más uno agregado trece mil pesos, ganado por diez mil y tierra por otros diez mil.

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