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Wednesday, March 21, 2012
inventarios
Inventarios.
Dios los cría y ellos se juntan murmura el cabo Manuel Pintos clavando su mirada en la mirada del soldado Juan Herrera cuando se cruzan en el patio del cuartel de las temporalidades, a las tres de la tarde del siete de diciembre de mil ochocientos once vuelve a murmurar como si eso fuera el pellizco que necesita para caer en la desastrosa cuenta de la situación en la que se encuentran los patricios después de la balacera a la que los sometieron Rondeau y Soler según los primeros chismosos que comienzan a llegar mientras corre el día, los primeros que llegan son parientes de ellos mismos, chinas con caras de sustos y enaguas incómodas que no sirven para andar tranqueando malheridos hilos de sangre que abren surcos imprevistos corriendo por la tierras reseca, guaguas a la buena del mismo Dios que los cría para que ellos mismos se junten por ahí buscando lo que es posible que no encuentren, algún mayor que los reconozca y les procure alimento, viejos oportunistas que van entrando para desvalijar a los que están malheridos o muertos viejas con caras y aspectos de brujas, siempre se llevan encima alguna cosa que se paga bien en el mercado negro, no todos están heridos o muertos hay algunos que aprovechando los líos de los últimos días se fueron al exilio, le repite el cabo al soldados una y otra vez sin ninguna consideración por las docenas de cuerpos de otros soldados heridos o muertos, eso es justamente lo que les encomendó el sargento Domingo Acosta, contarlos o describir las bajas los daños los desbarajustes aunque más no sea aproximadamente para poder colaborar con los cirujanos cuando lleguen porque seguramente llegarán en las próximas horas como los capellanes a dar alivios al alma como se acostumbra después de cada batalla, a curar cuerpo y alma que las dos cosas quedan resentidas después de las luchas cualquiera sean, como en la noche de jolgorio contaron las mujeres que entraron para divertir a los soldados, ahora no hay jolgorio solamente cuentan heridos muertos parientes brujas y fantasmas que rondan y descuartizados, caminando por ahí como si los que estuvieron afuera no hubieran podido hacer nada para pararlos a los traicioneros, sus propios compañeros que bajo las ordenes de Rivadavia se vendieron y los atacaron, Dios los cría y ellos se juntan repite y el otro sin decir una palabra mira los cuerpos desparramados como si los estuviera mencionando a ellos, los del grupo cerrado de los más rebeldes.

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