Pages

Wednesday, February 22, 2012

encomiendas

Encomiendas. Como cuentan los viajeros que son las actrices de los vodeviles, pintarrajeadas de fuertes rojos en sus labios y en sus mejillas, las damas invitadas entre las que pasean desde empleadas a meretrices, se comenzaron a hacer ver por los pasillos del cuartel de las temporalidades como a las nueve de la noche, flacas escuálidas gorditas voluptuosas y rellenas, caminaron con naturalidad por los pasillos como pidieron los organizadores, morenas truculentas de piel blanca como la leche algunas pelirrojas de miradas penetrantes fueron de a poco dejando el clima propicio para lo que les pidieron, mientras los soldados admirados miraron asombrados como creyendo cumplidos sus sueños más eróticos y lujuriosos de enancarse al menos por segundo en las caderas de alguna de esas apasionadas y predispuestas mujeres, que estuvieron al tiro como esos infelices soldados jugados por los intereses de otros por la lucha de intereses de otros de esos mismo que inventaron obligarlos a ser pelones, fueron muchas las mujeres más de un centenar levantando agitaciones y ruidos y melodías y mostrando a los hombres hambrientos de sexo sonrisas provocativas como les pidió a los ayudantes el sargento que se hizo cargo de la encomienda, un encargo único por única vez irrepetible, José se buscó un lugar importante en el comando mayor de los patricios, de esos patricios que están esperando lo que no llega dicen que no se animan dicen que le temen a la reacción del pueblo dicen que nadie pregunta por ellos, que comenzaron a deambular mareados y exaltados por cada rincón del cuartel siguiendo el alboroto de las damas que esquivaron miradas y manos no lo suficiente como para arruinar una fiesta que al menos por unas horas debe servir para que olviden que están acorralados, todas las damas están pagas a razón de un peso por los servicios con libertad de elección lo suficiente para comprar media libra de carne en la feria de la plaza de la victoria, durante el día vinieron con la noticia que le encargaron el sitio a Rondeau un general con experiencia, José suma y resta lo suficiente como para asegurar las sumas y las restas en los balances que una vez por año se rinde en el cabildo que al mismo tiempo se rinde ante los miembros de la real audiencia, con los años fue aprendiendo de los artilugios las trampas y los adornos que se utilizan para cerrar los números como a los jefes les gusta, disimulando sus errores voluntarios involuntarios porque muy frecuentemente algunos de ellos no pocos mezclan los números del batallón con los de sus finanzas particulares, para muchos de ellos ese es el camino para sentarse con los comerciantes poderosos a repartirse poder, y él aprendió de esas cosas, poco a poco se acostumbró a organizar las partidas y tener prolijos los libros para presentar a los auditores del consulado de comercio de donde es el Belgrano que ahora nombraron comandante en reemplazo de Saavedra, José está acostumbrado a todas las gestiones más fáciles o más difíciles pero cuando su amigo Manuel le explicó en pocas palabras de la fiesta que dispuso para el cinco a la noche por unas pocas horas se sintió desconcertado, su roce social es escaso y la timidez el rasgo más sobresaliente de su carácter, pero subordinado obediente y diligente habló con tres subalternos y organizó la bacanal con mujeres aguardientes y comida con doscientos de los trescientos pesos que le quedan.

No comments:

Post a Comment