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Saturday, February 11, 2012

confabulaciones

Confabulaciones. Imitando el sonido de los cencerros que se colocan en las patas de las bestias que van en los convoyes, el cinco a las cinco José gritó tin y tin y zamarreó al borrachín de Manuel con el pretexto de llamar a un consejo de guerra de emergencia, qué guerra la que le hacen a ellos los de la junta el triunvirato cuál guerra una guerra de porteños con los de las provincias que mandan representantes al río de la plata la guerra entre guerreros con la misma bandera es una guerra de intrigas y de traiciones antes que una guerra en serio, qué guerra de porteños y de orilleros de doctores y de paisanos de a pié cuál guerra la guerra de blancos y mulatos interpela en voz alta a las sombras en las sombras del amanecer que despunta, en ánimos caldeados en pasiones por una patria que cada uno ve como quieren ver nadie como algo de todos los que viven en los alrededores de la aldea en los alrededores del vasto territorio en posiciones tomadas en lealtades distintas, alguien vino a decir que ese traicionero de Bernardino entra y sale de las casas de los que están con los ingleses, que Saavedra desde el exilio les ordena que ellos se mantengan leales a Grigera del paraje de las cañuelas único bastión reconocido de los porteños bien porteños, alguien vino a decir que a ese Belgrano que nombraron jefe de los patricios le bajan ordenes desde tierras españolas, le divierte la idea que para convocarlo, a ese consejo de sargentos consejo de amigos consejo de guerra que no es guerra son chismes que van y vienen y algunas escaramuzas entre oficiales menores, le divierte hacer este llamado a un parlamento para un parlamento de unos pocos necesita solamente de cuatro oficiales de combate que además son sus amigos de tantas peripecias, él acostumbrado como estuvo a convocarlos de apuro en las ofensivas de la banda oriental y de la reconquista de convocatorias que para armarlas como edecán del comandante general le llevaban por lo menos unas cuantas horas, andando detrás de los tiempos y de los caprichos y de las ganas de capitanes y de mayores que en no pocas ocasiones ni siquiera tenían entusiasmos por las contiendas en las que andaban, oficiales que a veces pensaban distinto a lo que pensaban sus propios oficiales, le divierte la idea que este cónclave se pueda constituir en apenas los minutos que le lleva pelear con Manuel y aguantarse las bromas de los desvelados de Juan y de Domingo que lo conocen bien al alcalde porque trabajaron en los corrales donde se cuidan los caballos de toda la tropa de la aldea, los otros dos sargentos sus amigos cuáles amigo en cuáles contiendas de dimes y de diretes andarán ahora que nadie molesta de afuera molestan los de adentro con intrigas con maquinaciones, entre todos a cargo de los seiscientos hombres que quedan en el cuartel de las temporalidades según la revista que hizo él mismo el día anterior por escasez de recursos y de hombres, ahora que tienen encima la amenaza de los miembros de la junta, un ultimátum que hicieron llamando a la subordinación y al orden a evitar complotarse a no andar con confabulaciones, qué confabulaciones de quiénes, como si ellos necesitaran saber de esas cosas cuando se enlistaron por cuenta propia, el cinco a las cinco José zamarreó al borrachín de Manuel y mientras lo espera a él y a los otros dos ensaya una estrategia.

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