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Monday, February 13, 2012

Armas y batallas

Armas y batallas. A Manuel y a José siempre les gustó sentarse con Don Cornelio a escucharle las historias de sus experiencias como comandante, de esas que el viejo les contaba cuando entonaba con dos copitas de más que ellos mismos se encargaban que las tuviera más que nada cuando estaban de guerra o batallas y el único momento de distensión, eran entradas las noches en las que en vez de dormir empezaba con sus monólogos porque sabía que ellos lo escuchaban, siempre empezando de la misma manera como si fuera que estuviera con gente que por primera vez los escuchara, contando cómo se hizo soldado y que lo fue de a poco porque venia para ser comerciante y vivir cómodamente después de sus segundas nupcias porque la dama era de familia pudiente, venir de otras formas con otros escenarios de otra forma las cuestiones de la aldea hasta que lo pusieron a organizar las milicias porque líos armados de líos que se armaban por líos en otros lados, nunca pararon las intrigas las escaramuzas ni las revueltas desde que empezaron los primeros líos en mil ochocientos seis, cuando los que venían de otros lados especialmente quisieron aprovecharse para quedarse con la aldea, ahí les contaba de los escasos cañones un arsenal que apenas fue la tercera parte del arsenal declarado de los britanos, de los arcabuces pasados de moda de los fusiles y de las pistolas de chispa y de las docenas los cientos de alabardas enastadas para las peleas hombre a hombre, justo ahí en ese punto se acordaba de las atalayas que en los cuarteles él mismo ayudaba a construir para estar preparado para la defensa y de los pedernales que descartaban de las monturas para usar con las boleadoras, de los arzones que faltaban, ahí se acordaba de las épocas cuando pagaban con el gobierno cuatro pesos por un fusil dos pesos por pistola y un peso por arma blanca para incorporarlo al arsenal del regimiento, ellos lo escuchaban extasiados y después se lo contaban a sus entrañables compañeros Juan y Domingo, ahora que a mitad de mañana montan guardia no se arrepienten de haberse puesto del lado de su jefe ausente que de los traicioneros del cabildo que arreglan con cualquiera.

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