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Friday, January 13, 2012

vigilias y soledades

Vigilias y soledades. Solo en este mundo hombre de pocas palabras, solo ahora como corre solo en las batallas que le tocan cuando vienen los ingleses cuando hay enfrentamientos entre hermanos, porque por acá nadie sabe bien quien es el amigo quién es el enemigo qué es la revolución cuál la libertad que se busca, patricio solitario que apenas cumplió veinte años con más del doble de cicatrices por todo el cuerpo que lo surcan marcas que están por arriba por abajo de las costillas que se marcan en su pecho marcas de sus arriesgadas intervenciones de leal soldado a la causa de Don Cornelio que es la causa de él mismo y unos cuantos de la misma milicia, con pocos amigos Juan Herrera fue un seguidor ciego del alcalde Grigera él se crió allá en los mismos arrabales por el que camina ese patrón generosos que unos meses antes en la noche del sábado cinco de abril de ese mismo año del señor en el presiente una suerte funesta, sorpresivamente para algunos de los del centro tomó las riendas del levantamiento de las orillas de la aldea y a favor de la revolución, qué revolución masculla Juan mientras espera como los otros que vengan a desalojarlos ellos no cumplieron las ordenes de cortarse las trenzas al menos por ahora que pasaría a ser una señal que los otros ganaron la pulseada como ganan siempre en la riñas de gallos porque tienen dinero para mantener las aves de rapiña, sedición que ellos entienden que es para dejar el gobierno a los nativos y retirarse lo que no lo fueran, cuando entonces a las once de la noche del sábado cinco de abril grupos de quinteros y arrabaleros, casi todos con su caballo, se juntaron en diversos lugares de cada lugar que pudieron en la periferia de la cuidad unos meses antes de este ahora que se presenta negro, unos venían de los lejanos corrales del miserere, otros de la chacras y quintas de Palermo por donde entran los contrabandistas otros del oeste del Flores cerca del camino real y algunos de San Telmo, todos pidieron entonces sustituir la Junta por el gobierno único de Saavedra, que era muy popular, entonces porque ahora como no lo necesitan lo enviaron a exilios que el otro no conoce; culpa de algunos de los alcaldes de la periferia que arreglan con unos después rompen con esos y arreglan con otros, a las doce de la noche, en esos días cuando la plaza de la Victoria estaba llena de gentes que rodeaban el edificio del Cabildo en un imponente silencio, los regidores buscaron la protección de la Fortaleza donde quisieron averiguar, con los miembros de la Junta, el origen y los propósitos de la apariencia del pueblo, en silencio Juan Herrera se acuerda ahora de eso y queda con la pregunta para qué sirvió todo esto mientras espera el final que todos presienten en la aciaga noche del diciembre de mil ochocientos once.

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