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Sunday, January 15, 2012
vigilias, silencios, olores
Vigilias silencios y olores.
Los animales con su mañas marcan las horas del día son como relojes con campanas que suenan avisando los cambios de hora en la larga espera, mientras él como los otros monta la guardia, está despierto y espera lo que ya le anunciaron, advirtieron que el desacato se paga con la vida la desobediencia con el fusilamiento o la horca, se corrió la voz o el chisme le llegó porque no hay nadie que se acuerde de él o de cualquier otro soldado, nadie lo busca nadie le avisa de nada, los soldados están para poner el pecho, primero para obedecer mucho más cuando no hay escaramuzas cercanas, las invitaciones a capitular por parte del triunvirato ya pasaron, pasaron los ofrecimientos de la Junta de olvidar los episodios de insubordinaciones de la últimas horas, el enojo de la tropa por el cambio de comandantes la orden que los hará pelones, aunque él como cualquiera pasa como las abejas que pasan zumbando yendo y viniendo como si no se cansaran de los panales que se ocultan en los recodos de los muros del fortín, un asno rebuzna en los mismos corrales donde están los caballos de los húsares ellos los húsares son sus compañeros seguro que no lo traicionan, por ahí debe haber un buey que mugirá y un par de caballos que relincharan haciendo ruidos como las gallinas cacarearán y cloquearán igual que el gallo que canta, presiente además una rana en el charco cercano que parece triste y croa, al amanecer o al anochecer, a la mañana y a la nochecita las bandadas de loros pasan pintando el cielo de verde y amarillo haciendo ruidos como si fueran lamentos ellos para llegar a los árboles cercanos, solo en este mundo hombre de pocas palabras, patricio solitario y reclutado en las orillas de la aldea Juan Herrera le teme a los largos silencios, como ahora que no se escucha ningunos de esos ruidos que conoce, cuando esos ruidos que conoce desaparecen es porque hay hombres armados en el perímetro del fuerte, algo pasa los animales presiente las desgracias antes que las desgracia ocurran, no habla con nadie ninguno es su compadre ni siquiera le sale sentirse compañero de infortunios en estos silencios que son pesados él los conoce desde niño cuando andaba corriendo caminando por las calles para ganarse unos pesos y poder alimentar a sus hermanos, sabe bien distinguir que cuando los ruidos comunes cesan vienen los otros ruidos de los obuses de los fusiles de los hombres que gritan abiertos por bayonetas empuñadas, sabe bien cuando el olor de los azahares de los ceibos se cambia por el olor denso de la sangre derramada en nombre de la revolución de hombres que ni saben de qué se trata, olor de la vida que de golpe se vuelve olor de los muertos.

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