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Tuesday, January 31, 2012

pozos y depresiones

Pozos y depresiones. De estar bien de golpe se pone mal, de estar eufórico se pone triste y los compañeros ya lo conocen, ahora nomás está entre triste y desilusionado porque nadie sabe ni él mismo ni lo que están con él cuantos son los que estarían en esta resistencia, porque fueron como cuatro mil cuando vinieron los piratas pero ahora contando unos doscientos hombres por cada uno de los sargentos que quedaron en el cuartel no suman ni seiscientos soldados que al lado de los otros que están a las ordenes del triunvirato son muy pocos, de estar animado se desanima, de muchas adversidades de muchos pozos salió Juan Colares en su vida, no solamente de las hondonadas de barracas donde funcionaron las canchas de carretas y comenzaron a instalarse los vendedores de frutas y verduras, predios donde lecheros y cuarteadores juegan perdiendo todo el tiempo y mucho dinero mientras las bestias hambrean en medio de la aridez y la intemperie, de ahí de esas desgracias salió para irse a vivir en las inmediaciones de la quinta de los Lezica donde se estableció con mujer y todo en épocas de la primera escaramuza con los ingleses, no solamente salió de esas sino también en las adversidades de los infortunios personales que no fueron pocos, empezando todo lo que tuvo que pasar por ser hijo ilegítimo de gringo con negra que además de morirse los dos cuando él estuvo lejos de tener conciencia, lo conminaron por ese hecho a vivir en hospicios y casas de socorros mutuos al capricho de celadores y cuidadores de calañas diferentes, porque los que se reconocieron como parientes de su madre le dijeron siempre que no podían hacerse cargo de él por no tener ni tiempo ni dinero, porque los que aceptaron la referencia de ser parientes de su padre lo consideraron con desprecio e indiferencia, pero desde esas tribulaciones se fue abriendo paso gracias a unos comisionistas y consignatarios que le pagaban no pocos pesos para que controlara la descarga de algunos barcos, de esas obligaciones salió con dignidad hasta alistarse allá por mil ochocientos siete en las milicias de los porteños que a carradas se presentaban para defender la aldea de los oportunistas que venían a conquistarla, y en dos años fue nombrado sargento por méritos propios, de pozos a superficies de alegrías a desesperaciones.

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