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Wednesday, November 02, 2011

fiebres y convulsiones

Fiebres y convulsiones.
Como si les hubiera agarrado una fiebre de esas que aparecen con una gripe repentina o con un ataque de hígado fuerte que además viene con vómitos, con agitaciones y otros trastornos que vuelven neurasténico a cualquiera, él dice que bien que se asustaron entonces con el paludismo los de la empresa, con las fiebres y las convulsiones y los vómitos y las muertes que acarreó, como se asustan cuando los apuran del ministerio como los apuraron en esos momentos o del gobierno que no les gusta nada por eso refieren los militares, aunque ellos se cagan y vomitan en todo porque con la guita compran lo que quieren, bien que se asustaron entonces y salieron corriendo a la capital federal para ofrecer el baldío de la esquina de la avenida libertad y la calle paulina, como si fueran generosos, ese yermo que ellos lo usaban como corral de los caballos de los chacareros que bajaban al ingenio cuando los llamaban para enseñarles de las trampas que ellos tenían que hacer en los surcos para robarle cundo se pesaban unos quilos de caña a los cosecheros, hijos de puta explotadores del carajo, y salieron como locos a poner obreros para la obra civil de consultorios y pabellones para camas y lo que más les duele a poner dinero para equipar y comprar vehículos para la antipalúdica, en los días que había llegado al hospital que era para atender a jefes y empleados y en algunos casos a algunos familiares, lo primero que le cayó para la mierda porque eso no le cerraba con lo que había aprendido en la facultad ni conocía las salitas precarias en los lotes, tampoco le cerraba que un tipo capaz y brillante como el Dr. Clement no les dijera nada a los patrones, bien que se asustaron y enviaron a uno de sus hombres de confianza en el hospital, alcahuete de los alcahuetes de todas las alcahueterías el colorado Rodríguez y después que estuvo con un diploma que se lo entregaron en un par de meses en el hospital de clínicas, lo nombraron administrador plenipotenciario es decir jefe supremo de las legiones de fumigadores y de las coordinaciones con médicos y con sanitaristas y de enfermeros, que además de atender el hospital salían haciendo horas extras por los lotes desinfectando los ranchos vacunando y curando a los coyas a mansalva, bien que se asustaron de lo mismo que quieren asustarlo a él con el cuento que no debe ponerse del lugar de la gente sino del lugar de la empresa, lo barato sale caro, cuando aparecen las malarias y así les de fiebre y convulsiones tiene que pagar incendio con sus ganancias, le dice el tordo a su amigo Buendía mientras le revisa las amígdalas a una de las hijas, contando que por estos días lo echaron por segunda vez porque parece que molesta que él pida remedios para los bolivianos que parece que los de la empresa no los consideran seres humanos, y que le pide que lo disculpe que él no cobra sus honorarios pero que esta vez sí le tiene que pedir que lo pague porque se quedó sin su trabajo de médico residente tiene que reparar el techo de la vivienda y que supone que ya se arreglará porque ya avisó en el ministerio.

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