Pistas y epístolas.Haz lo que yo diga no lo que yo haga, no importa cómo uno se viste sino lo que uno dice, fue la frase que más se acordó el Hugo en los primeros días de sus exilios en un pueblito que ni siquiera conocía el nombre en el norte del país trasandino donde por fin llegó un día de la primavera del setenta y seis, haz lo que yo diga no lo que haga le había repetido varias veces a su mamá, que le peleaba cuando ella le decía que le parecía muy bien que él quisiera luchar para que no hubiera más pobres en el mundo pero que los pobres no tienen para comer menos para andar comprándose ropa y otras cosas menores, como hace él de presumido que es nomás y de divino mijito lo mimaba, hoy se acuerda bien que se acuerda porque no tenía derecho de pelearle a la vieja cada vez que lo quería hacer entrar en razones, pobre vieja sacrificada que debe tener planchado el culo y borrada la raya de tantas horas que se pasa haciendo de operadora en la central telefónica donde le pagan dos mangos y la explotan los hijos de puta que tienen la concesión pero que son los primeros que van a volar cuando el pueblo llegue al poder le dijeron los camaradas, aunque se las aguante especialmente desde que el viejo se ha ido, cuando ella le insistía que también estaba bien que le gustara comprarse ropa cara todo el tiempo comprarse una dos y varias remeras originales del cocodrilo y los vaqueros de rangler y todo lo demás pero que de eso la gente humilde se da cuenta que el que lo hace anda malgastando la plata que ellos no tienen ni para comida ni para remedios, y entonces él le contestaba que no tenía nada que ver, que la revolución lo mismo se viene y que todo va a cambiar y que los pobres no solamente van a tener para comer sino también para comprarse remeras como se compra él con la plata que ella le da del sueldo de empleada, que eso es lo importante la declaración de principios tener claros los fines que justifican los medios, y que ella entienda el mensaje para que se lo transmita a los otros trabajadores, para que vayan sabiendo cuando los dirigentes del pueblo del ejército revolucionario lleguen al poder, que ella le tenía que prestar atención a las cosas que él explica y no tanto a los caprichos que lo hace de niño mimado que es como también usar la plata que ella le da para comprar libros para pasarle a los compañeros con el manifiesto comunista y las historias de las güerillas en Bolivia y otras partes de ladinoamérica le decía, el se acuerda en todo eso en los primeros días de sus exilios que no son placenteros viviendo con campesinos que además trabajan en las minas de cobre cercanas pero que en definitiva es gente que no se conoce aunque con ellos se pueda hablar de lo mismo que él habla donde lo quieren escuchar y también donde no lo quieren escuchar porque es muy compadrito, en esos exilios que no es un exilio porque para empezar se fue a vivir a ese lugar para que no lo encuentren los militares pero también por eso ha dejado de ver a su mina que no es la mina de los muchachos sino la mujer que él ha dejado allá lejos, a su mamá y a todos los vagos de sus amigos, no un exilio sino varios exilios no solamente de los lugares frecuentados en el ingenio en su casa en su barrio en la plaza donde ha pasado aventuras, sino también de las calles del jardín de la república de los alrededores del alto la lechuza donde iban todos los viernes a la noche y los sábados a cantar zambas y canciones de palito para los grupos de estudiantes que se juntaban para distraerse un poco de las obligaciones de la semana, hasta que comenzaron a hinchar las pelotas estos militares de mierda que son de hacer lo que dicen y hacen se adormece sonriendo la siesta empezando sus exilios.
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