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Sunday, September 18, 2011

largos y cortos

Largos y cortos.
Ella puso el grito en el cielo y el Cabrera entendió que esa le tocaba a él, que él era el que lo tenía que convencer al pendejo que se deje de andar con el colorado y el chino y todos esos tira bombas y que se dedique a dar las materias de primero de abogacía, que ellos hacen mucho sacrificio como para que él ande con esas boludeces de cobardes porque al final de cuentas cuando hay que comer nadie ayuda a parar la olla, ni los de izquierda ni los de derecha aunque los de derecha como son los dueños de la fábrica ellos son los patrones y dueños del pueblo,, ella le dijo que la haga corta como él sabe hacer esos telegramas que les redacta a los obreros y que escuche bien lo que le dice que los patrones ya se le quejaron y le dijeron que le diga no ande con esas agachadas, que gracias a ellos tienen la casa y dinero, ese dinero que puntualmente baja con propinas que duplican o triplican los valores que les ponen cuando le detallan la cantidad de empanadas enviadas, ella le dijo que la haga corta como la debería haber hecho cuando lo puso a trabajar al pendejo con él apenas cumplió los dieciocho, y se fue mandando esas cagadas que él no paró a tiempo, de abrir cartas que sabía que eran de amor por el tamaño leerla y volverlas a cerrar, dos meses tres meses hasta que los descubrieron de la delegación provincial y le tiraron las bolas a él como corresponde porque él es el jefe de la delegación del centenario correo y no puede andar consintiendo estas infidencias, que la haga corta como la hizo corta cuando lo tuvo que echar con todo el dolor del corazón porque aunque era un sueldito era una entrada más que ayudaba para mantener a los hermanos, ella le dijo que la haga corta como él sabe que son los telegramas, cortos, unas cuantas palabra que resumen algo que ya está hablado como una renuncia indeclinable, una intimación, o algo que ya se supone de antemano como un nacimiento o un fallecimiento, que la haga corta como él sabe como sólo él sabe carterito de su amores que pasa con los telegramas que en media docena de palabras se repite lo que ya se sabe.
Apenas se levanta en ayunas y mucho antes de fumarse el primer pucho de los veinte o treinta que se fuma en el día, se tira el par de genioles al centro de su garganta y, como si estuviera haciendo gárgaras con la cabeza hacia atrás, las empuja con un vaso de agua de la canilla para que lo más rápido posible lleguen a la panza y se distribuyan por la sangre para que lo preserven de las seguras jaquecas que comienzan a la seis y media en zafra y a las siete y media de la mañana en los recesos solito en su oficina cuando se da con la parva de teletipos que llegaron entre las ocho de la noche del día anterior que es la hora en que vuelve a su casa si no hay quilombos o cuestiones urgentes, y esas horas en las que entra a su infierno preferido, ese cómodo despacho donde puede trabajar comer dormir y eventualmente coger sin que nadie los moleste porque dispones de tres secretarias para cada una de las entradas que tiene, una para el público, otras para los capos que lo vienen a consultar, y otra exclusiva para el ingeniero el dueño de la empresa que le da instrucciones cada vez que pasa por el ingenio, después apenas se levanta de la siesta de dos horas que se duerme se toma el segundo par de genioles, no le hacen mal quizás algo de gastritis pero lo ayudan un montón a tragar impotencias broncas por hacerse cargo de los despelotes de otros de las equivocaciones de la vida, que vienen como largas instrucciones en cada una de esas largas transcripciones que le dejan sobre el escritorio con los papelitos perforados del teletipo que él tiene que descifrar, explicaciones más largas de las que pueden ponerse en un telegrama de cuestiones que no se hablaron previamente o que se hablaron en secreto y deben ejecutarse, instrucciones, ordenes directamente que figuran en códigos de lo que solamente él sabe, palabras que no significan lo que se puede creer que significan palabras que significan lo que se puede creer que no significan.

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