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Sunday, September 25, 2011

foto y vidriera

Foto y vidriera.
Carlitos tenía una de esas vivezas construidas a fuerza de privaciones tempranas bien lejos allá en las profundidades de una infancia divertida en realidad con el ruido de ocho hermanos pero con las incomodidades que acompañaban el ser uno de los del medio, o sea ni con el privilegio de los más grandes de administrarse sus propios dineros por salir a trabajar para ayudar a parar esa gran olla que todos raspaban dos veces en el día, o sea ni con el privilegio de los más chicos que por serlo tenían sus comidas con los nutrientes que correspondieran y se disponían y algunos juguetes aunque fueran viejos y desvencijados, Carlitos tenía una de esas vivezas construidas a fuerza de privaciones y una disciplina solidaria transmitida por su papá, un esloveno que había logrado escapar gracias a unos pariente y muy joven de las milicias que se armaban cuando fue la guerra del catorce, y había llegado un poco escapando también de algún lío de polleras que él mismo había armado con dieciocho años en un conventillo de constitución en buenos aires, Carlitos lo quería lo veía sacrificarse haciendo horas extras como estibador de bolsas en el ingenio y entonces aunque sufriera la privaciones sabía que podía ayudarlo, por eso muy temprano aprendió el oficio de fotógrafo y hasta se puso su propio bolichito, adornando la vidriera con las fotos que él consideraba podían ser de la consideración de la mayor parte de los habitantes del pueblo.
Avispado como era Carlitos colocó la foto del casamiento en la vidriera de su negocio, bien visible una copia de veinte por cuarenta en blanco y negro bien balanceados por él en la oscuridad de su laboratorio, que inmortalizaban lo que estaba seguro era el puterío de moda en el pueblo, una foto donde estaban los personajes que él sabía todos relacionarían con comentarios como diciendo que qué de Capuleto y qué de Montesco, que los únicos dos que no estaban enfrentados de las personas que aparecían en esa foto eran los tortolitos que tenían una carita de nenes en llamas preparados para fornicar todo lo que se pudiera y hasta el cansancio, que los demás eran una especie de todos contra todos patrocinados por los dos mandones de esas familias ascendentes del pueblo, que los unos y los otros estaban enfrentados desde muchos años, desde el mismo momento en que el más capo que aparecía en la foto tío del novio lo había llamado al médico que era el papá de la novia y le había hablado horas y horas de las ventajas de estar bien con los patrones y también de los beneficios que podían ser bastantes más suculentos que los beneficios que podría estar obteniendo poniéndose en contra y pidiendo remedios y curaciones para los negros que no se merecen nada porque son unos irresponsables que no saben ahorra para las contingencias, desde el mismo momento que el otro lo mandó poco menos que a la mierda con el argumento que su sensibilidad por la enfermedad y miserias similares eran parte de su juramento hipocrático, momento a partir del cual más que putearse todos se miraban con miramientos y desconfianzas incluidas las mujeres de esos dos personajes, que Carlitos inmortalizó un poco excedidos de peso a fuerza de buenos asados y vino tinto, semejante maraña de líos coronados con un amor afiebrado localizado entre las piernas de los novios que lograron lo imposible que era reunir esas familias aunque sea por una noche en los salones de las sociedad siria.

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