Desiertos y oasis.
No hay que estar aunque se esté andando por un páramo del chaco para saber que los desiertos son ausencias, que son la nada más que el todo, que son la inmensidad antes que lo pequeño que las desolaciones son todo eso, que esos arenales que temprano en las mañanas o en los atardeceres se confunden en el horizonte con los límites del cielo y de la tierra, son abandonos huidas retiradas de esos guachos agresivos, que cuando aparecieron dijeron que la privación de la libertad era solamente por unas horas que después las horas fueron días y después los días fueron meses que no se contaron, que después comenzaron apretando diciendo que las universidades estaban infectadas de zurdos tercermundistas que ellos tenían que nombrar con nombre y apellido y terminaron con esa balacera, en ese círculo en ese erial en esa estepa que eligieron para evitar testigos o curiosos y que era como son los desiertos que son como un sinónimo de ausencias, de esos seres que ahora se extrañan como la mamá que con apresto saca la chivada de las camisas y de las remeras como el papá que hace de cómplice para que ellos dancen por los tugurios del bajo buscando las mejores putas, y los hermanos, los changos de la barra los discos de Carpenters y Louis Amstrong tronando con su trompeta con luna azul las tardes de los sábados en rugby, que los desiertos son entelequia de provisión de agua de ausencia de esperanzas, de distancias de ruidos de seguridades de viajes sin mimos, de desconciertos como esos que se armaron allá y después de palomitas o de cabeza de buey que nunca llegó a conocer bien esos lugares por los que pasó solamente dos veranos a ver a Sonia la bella chaqueña de la que se había enamorado y ahora esta vez cuando lo cagaron a tiros y tuvo que escapar sin saber si solo o con otros escapando, reconociendo algún malecón por tres sauces llorones en línea sobre un vértice de la represa, no hay que estar aunque se esté viajando a la fuerza por los desiertos, camuflado escapando sin saber muy bien de qué, paras saber que se está más que solo, que se está abandonado y sin poder contarlo.
No hay que andar aunque haya que ir sobreponiéndose al infortunio después de estar como en un oasis que se toca y se disfruta aunque sea humilde como todo en el rancho de esos paisanos amables que le tendieron una mano, y más que una mano porque lo curaron y lo alimentaron a puro anchi y arroz con leche y sopa muy caliente durante quince días a riesgo que los descubran los milicos que pasan por ese límite entre la ciudad de ciudades y la linda por ese este en la zona chaqueña, uno o dos camiones que a veces son de esos grandes del ejército y si no son del ejército son particulares pero van cargados de matones, para una u otra dirección como esos pocos vehículos que pasan por día por esa ruta que es una ruta provincial a la que no le sabe ni el número pero que está seguro lo lleva por lo menos a una vida más tranquila comparando la de los últimos meses, no hay que andar aunque haya que ir sobreponiéndose al infortunio y escuchar al más viejo decirle que la suerte es como la taba que a veces cae de canto o de culo y entonces se pierde como él ahora que se quedó sin familia o se gana como él ahora que está con vida después de esa matanza que según las noticias que trajeron los baquianos fue muy fuerte y mataron mucha gente como él estudiantes, obreros renegados peones desobedientes porque son amigos de los patrones que los delatan y los delatores son delatados por otros y así hasta el infinito y hay como una cadena de delaciones en la que nadie se tiene confianza, no hay que estar aunque se ande estando preparado para dejar un desierto para parar en un oasis que es un remanso en la adversidad, un recodo donde se consigue lo que se buscó desesperadamente después de los infiernos después de haber pasado las desgracias, esa desgracia reciente todas las desgracias de estos tiempos tumultuosos en la ciudades porque en el campo es otra cosa.
El colorado hace dedo a los pocos vehículos que pasan y eso y menos a los camiones, por las dudas, después camina y corre, siempre con esa compulsiva manía de repetir los principios de la partida doble.
No comments:
Post a Comment